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Vivir el Presente y Caminar con Dios
Por Daniel Díez - Devocional 24 de septiembre 2026.

Devocional de hoy
Vivir en el Presente y Caminar con Dios
Vivir y valorar el presente
A veces vivimos demasiado concentrados en lo que está por venir. Estamos pensando continuamente en aquello que no tenemos, en aquello que queremos conseguir, y nos perdemos lo que está pasando delante de nosotros. Podemos pasar la vida entre la nostalgia de lo que fue y la expectativa de lo que será, sin disfrutar realmente de lo que Dios nos ha dado hoy.
Por eso quiero animarte a valorar el momento que estás viviendo. No significa ser conformista ni dejar de luchar por mejorar, crecer o progresar. Significa aprender a disfrutar y valorar lo que Dios ha puesto hoy en nuestras manos.
Muchas veces perseguimos cosas sin saber qué haremos cuando las consigamos. Queremos casarnos, tener un trabajo, ser padres, alcanzar determinadas cosas… y cuando finalmente llegan, nos damos cuenta de que aquello que tanto perseguíamos también trae responsabilidades y dificultades. Por eso, disfruta de lo que tienes ahora. Vive el momento que Dios te ha dado.
Soltar el pasado
También tenemos que aprender a dejar el pasado en el pasado. Hay personas que siguen viviendo atrapadas en un error, en un pecado, en una herida, en una traición o en algo que alguien les hizo. Sí, nuestras acciones pueden tener consecuencias, pero Dios no quiere que vivamos atados para siempre a aquello que ocurrió.
El Señor quiere darnos un nuevo corazón, quiere renovarnos y hacer cosas nuevas en nuestra vida.
«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.»
Quiero decirte hoy: suelta tu mochila, suelta tu equipaje, suelta aquello que te está arrastrando del pasado. Hay cargas que nos impiden avanzar, crecer y ser felices. Pero cuando entregamos esas cargas al Señor, podemos caminar hacia adelante con Él.
La verdadera plenitud
Porque la verdadera plenitud no consiste en estar sonriendo todos los días ni en vivir de fiesta o de diversión. Puedo tener un mal día, estar triste o atravesar dificultades y, aun así, tener gozo. La verdadera felicidad es caminar con Dios. Es saber que mi vida tiene sentido, que tengo un propósito y que puedo caminar hacia adelante sin la carga del pasado.
Dios quiere que seamos llenos y plenos para poder ayudar también a otros. Cuando la presencia de Dios entra en nuestra vida, transforma nuestra manera de vivir. Jesús contagiaba vida, salud, amor, alegría y gozo. Cuando nos acercamos a Él, cuando tocamos ese manto, cuando permitimos que su presencia entre en nosotros, nuestra vida es transformada.
Aprendemos por imitación
Y hay algo que no quiero que olvidemos: aprendemos por imitación.
Cuando caminamos con el Señor, comenzamos a parecernos a Él. Si no dejamos que Dios influya en nuestra vida, alguien más va a influenciarnos. La sociedad tiene muchas influencias: el amor al dinero, el egoísmo, la avaricia, la codicia… Si nosotros no permitimos que Dios nos transforme, terminaremos imitando otras cosas.
Por eso, como padres, tenemos también la responsabilidad de transmitir a nuestros hijos aquello que hemos recibido del Señor.
«Sed imitadores de mí, como yo de Cristo.»
No tenemos que avergonzarnos de quiénes somos. Somos hijos del Dios viviente. No debemos ir con la boca pequeña ni sentir complejo por nuestra fe.
«Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.»
Dejar que Dios transforme nuestra vida
Si camino con Dios, quiero imitar a Dios. Si voy de la mano de mi Padre, quiero ser como mi Padre. Quiero que mi vida pueda influenciar a otros, no desde el orgullo ni desde la importancia personal, sino dejando que Dios transforme primero mi propia vida.
Y quiero quedarme especialmente con esta idea: si no me dejo transformar por Dios, voy a ser transformado por otra influencia. Dios quiere tener tiempo conmigo. Dios quiere que disfrute de su compañía, porque para eso me creó: para tener comunión con Él.
Por eso tengo que preguntarme qué influencia estoy permitiendo en mi vida. ¿Estoy dejando que Dios me transforme? ¿Estoy caminando con Él? ¿Estoy buscando su presencia?
No vivir afanados por el mañana
Jesús nos enseña también a no vivir afanados por el mañana:
«No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer, o qué habéis de beber, ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?»
Y continúa diciendo:
«Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.»
Por eso quiero aprender a vivir hoy. No quiero estar continuamente angustiado por lo que va a pasar mañana. Quiero confiar un poco más en Dios, porque Él es bueno, es generoso, responde a las oraciones y se preocupa por mí.
Dios me ama primero
Dios no me ama porque yo le ame. Él me ama primero. Cuando yo le amo, simplemente estoy correspondiendo a ese amor que Él ya me ha dado.
Y cuando busco al Señor, mis temores empiezan a desaparecer.
«Busqué al Señor, y él me oyó, y me libró de todos mis temores.»
Quizás los problemas no desaparezcan. Seguirán existiendo pruebas, dificultades y tribulaciones. Pero el temor puede desaparecer, porque el amor de Dios está conmigo. Los gigantes empiezan a hacerse pequeños cuando miro al Señor.
Nuestra identidad en Dios
Por eso nunca quiero avergonzarme del Evangelio ni de ser hijo de Dios. Esa es mi verdadera identidad. Dios me ha dado una nueva naturaleza.
Y solamente Dios puede llenar el vacío de mi corazón. Una persona puede ser una compañía maravillosa, un esposo, una esposa, un proyecto de vida, pero mi pareja no me completa. Dios me completa. Solo Él puede llenar ese vacío que hay dentro de mí.
«Gustad, y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre que confía en él.»
Confiar en que Dios escucha
El Señor está atento a nuestro clamor. Él escucha cuando oramos con fe. Aunque alguna vez pensemos que Dios no oye o que no responde, no debemos tener miedo ni angustiarnos. Tenemos que dejar que el Señor tome el control.
Hoy quiero caminar de la mano de Dios. Quiero disfrutar de su presencia, dejar atrás aquello que me pesa y permitir que Él transforme mi vida.
Quiero ser como Jesús
Quiero ser como ese niño que mira a su padre y dice: «Quiero ser como mi papá». Yo quiero decirle al Señor: «Quiero ser como Tú. Quiero ser como Jesús. Quiero parecerme a Él, aprender de Él e imitarle cada día más.»
Porque si camino con Cristo, su vida comienza a reflejarse en mí.
Oración final
Señor, ayúdame a vivir el presente, a soltar el pasado, a no angustiarme por el mañana y a buscarte primeramente a Ti. Llena el vacío de mi corazón, transforma mi vida y enséñame cada día a caminar de tu mano y a ser como Jesús. Amén.

