Vidas que Agradan a Dios

Por Benito Chicharro - Devocional 31 de diciembre 2025.

Devocional de hoy

Vidas que Agradan a Dios

“Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más.”

Tesalonicenses 4:1

Exhortación a la Iglesia de Tesalónica

Más, más y más, era una exhortación o un ruego hacia la iglesia de Tesalónica, instando a que se condujeran conforme al ejemplo de ellos, de los siervos de Dios. Y además agradando a Dios en todo. Decimos que queremos agradar a Dios y es el deseo de nuestro corazón, cada vez que hacemos esta declaración no siempre va acompañada de hechos. Muchas veces el deseo de nuestro corazón no concluye en hechos que demuestren de verdad, la realidad de nuestro deseo profundo de agradar a Dios, y solo se queda en una mera intención. Si vivimos para el Señor, vivimos, tenemos que vivir de forma que agrade a Dios, que agrade y complazca al corazón del Padre. Así es como debe vivir un hijo.

¿Cómo agradamos a Dios?

“Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios”.

Hebreos 11:5

Dios lo traspuso, lo arrebató, lo quitó de este valle de lágrimas, y dice que tuvo testimonio de haberle agradado. El testimonio es el reflejo de nuestra conducta, es lo que dice quién eres, cómo eres, qué haces y qué no haces. El testimonio delata positivamente o negativamente nuestra conducta, ese es el deseo y la intención de nuestro corazón.

En la galería de la fe, después de que Enoc es traspuesto porque tuvo testimonio, dice que sin fe es imposible agradar a Dios y que es necesario que el que se acerca a él crea que lo hay, y que es galardonador de los que le buscan. Está hablando de la fe, la fe en Jesucristo que agrada a Dios; no podemos acercarnos a Dios si no es con esa realidad de fe en nuestras vidas.

Los hombres intentan acercarse a Dios a través de la religión, de los sacrificios y de otras cosas que no tienen ningún resultado en la vida espiritual del hombre. Solo la fe hace posible que hombres comunes se convirtieran en hombres extraordinarios. No hablo de facultades, no hablo de carreras universitarias, no hablo de nada de esto, porque Pedro y Juan eran hombres sin letras y del vulgo, pero eran hombres de fe, cuyo testimonio, obra, ministerio, fueron abundantes, por la fe.

Antes y después de agradar a Dios

“Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.”

1 Pedro 4:3

Esto era para nosotros en otro tiempo, éramos del mundo, estábamos en el mundo y amábamos el mundo y las cosas que estaban en él, pero hay un antes y un después. En tiempo pasado, hicimos lo que agrada al resto del mundo, a los que no tienen a Dios, a los que no han nacido de nuevo. Estábamos alineados con sus comportamientos, conductas y con sus concupiscencias, pero ahora nosotros no estamos para agradar ni a los gentiles, ni siquiera a nosotros mismos. No estamos llamados a agradar a los hombres, sirviendo al ojo como los que quieren agradar a los hombres; servimos al único Dios verdadero y a Jesucristo, a Aquel que nos rescató de nuestra vana manera de vivir, a Él servimos y Él debemos agradar.

Vida en el Espíritu vs. Vida en la Carne

Debemos andar en el espíritu y no en la carne, porque los que viven conforme a la carne no pueden agradar a Dios. Hay una delgada línea entre la vida en la carne y la vida en el espíritu, podemos pasar esa línea en un momento determinado sin darnos cuenta, porque este mundo sigue siendo objeto de seducción para aquellos que intentamos vivir en el Espíritu, y cuando traspasamos esa línea, ya estamos abocados al desagrado continuo de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.

La rectitud agrada a Dios

La rectitud es algo que agrada a Dios. El cristiano no puede ir transitando en curvas y no en línea recta; el camino de los justos es rectitud. La distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, por eso debemos andar rectos, sin buscar atajos. “No hay atajos sin trabajo”, dice el refrán.

Rectitud en nuestra conducta, en nuestro carácter, en nuestro comportamiento, eso a Dios le agrada y debemos entender que es muy fácil torcerse y salirse del camino. Debemos hacer sendas derechas para nuestros pies. Si hay algo de torcido en tu carácter, conducta o moral, el único que puede enderezarlo es Dios. Cuando uno se pone en manos del Señor, la vasija que tiene imperfección se puede volver a hacer, y Dios la hace como buen alfarero y termina haciendo de ella una vasija de honra.

Así que, ¿no está todo perdido si nos hemos torcido? ¡No! Demos la oportunidad a Dios de meter sus manos en nuestra vida y moldearnos como Él quiera. El barro no puede contender con el alfarero, sino tiene que someterse a sus manos amorosas, que le darán la forma conveniente.

Honestidad y honradez agradan a Dios

La Palabra de Dios dice que ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Si Dios me ha llamado como soldado y a Él tengo que rendir cuentas, estoy bajo su gobierno y autoridad, sometido a sus normas y decretos, y tengo que evitar enredarme en los negocios de la vida que muchas veces son ilegítimos.

Proverbios 11 dice que el peso falso es abominación a Jehová. Esto tiene que ver con la honradez. Se puede ser un cristiano falso o un cristiano cabal, según maneje sus finanzas y asuntos que conlleven necesariamente honradez. El cristiano falso ignora la equivocación; el cristiano cabal delata esa irregularidad. La honradez agrada a Dios; la falta de honradez desagrada el corazón de Dios.

A veces contraemos deudas que no saldamos. La Palabra dice que debemos conducirnos honradamente para con los de afuera y, si hemos contraído una deuda, debemos pagarla. Si queremos agradar a Dios, seremos honrados y cabales en nuestras gestiones siempre; por testimonio debemos conducirnos honradamente con los de afuera, con los que están en el mundo, delante de ellos.

Generosidad que agrada a Dios

El generoso agrada a Dios; el tacaño no agrada a nadie. El que es mezquino, avaro y tacaño pone los pelos de punta, solo mira por lo suyo, es egocéntrico. De esas personas es mejor alejarse. Pero el generoso es prosperado siempre, porque agrada a Dios; el alma generosa es prosperada, pero el alma mezquina, avarienta y tacaña jamás.

De forma natural podemos interpretar que el que da lo que tiene se queda sin nada, pero desde el punto de vista espiritual, al que da lo que tiene, Dios le añade más. Aquel que retiene más de lo que es justo viene a pobreza. Los que retienen más de lo justo buscan enriquecerse viviendo ajenos a las necesidades de los demás, y eso no es propio de un hijo de Dios nacido de nuevo. No mirando cada uno por lo suyo propio, sino por lo de los demás, ese es el corazón de la Biblia, el mensaje de Dios para nosotros hoy y siempre.

Jesús agradó al Padre

“Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.”

Juan 8:29

Jesús agradó en todo al Padre. En el momento previo a su muerte dijo: “¿Por qué me has abandonado? ¿Por qué me has desamparado?” Tuvo ese sentimiento como hombre, pero en todo su ministerio terrenal, Jesús tuvo la segura presencia del Padre en su vida.

A veces podemos sentirnos desamparados, que Dios no está con nosotros, que nos ha dejado solos y preguntamos: ¿por qué? La respuesta es clara: quizá no estamos viviendo para agradar a Dios, sino para agradarnos a nosotros mismos. Cuando alguien vive para agradar a Dios y lo agrada, hay consecuencias, y la principal es que la presencia de Dios esté contigo.

Jesús dijo antes de ascender: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Esto es la realidad que experimentan aquellos que viven agradando a Dios: no hay sentimiento de abandono ni de orfandad, porque agradarle conlleva la realidad de su presencia.

Obediencia y justicia agradan a Dios

Hechos 10:35 habla de Cornelio, un gentil que adoraba a Dios pero no conocía a Jesucristo. Dios le muestra a Pedro que la obediencia y el cumplimiento de Su voluntad agradan más que la religiosidad. La justicia se refleja en dar y repartir con los necesitados.

La Palabra dice: “Hijos, obedeced a vuestros padres, porque esto agrada a Dios.” Qué bueno es y qué bien se siente un padre cuando tiene hijos obedientes. Nosotros somos hijos también de nuestro Padre celestial, y por la obediencia de Jesús somos constituidos justos. La desobediencia trae consecuencias, como en el caso de Saúl, cuya caída fue vergonzosa y fulminante.

Rendición total a Dios

Lo que agrada a Dios sobre todo es una vida rendida. Rendirse es despojarse de algo para entregárselo a otro. Nuestra vida no nos pertenece; debemos entregarla a Dios, despojarnos del control y ponerla en sus manos.

Vivamos para agradar a Dios: si vivimos para Él, vivamos de forma que le agrade. Que no sean palabras o deseos que no concluyen en nada, sino hechos, porque siempre los hechos son amores y no buenas razones. Así veremos cómo nuestra vida emerge en bendición total. Tened fe, porque sin fe es imposible agradar a Dios.