Sanando las Heridas del Abandono

Por Sully López de Barra - Devocional 29 de julio 2026.

Devocional de hoy

Sanando las Heridas del Abandono

"¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aunque ella lo olvidara, ¡yo nunca me olvidaré de ti! Grabada te llevo en las palmas de mis manos; tus muros siempre los tengo presentes."

Isaías 49:15-16

Reconocer la herida para comenzar a sanar

Para sanar el corazón, primero es necesario reconocer la herida. Algunos llevamos cicatrices de heridas que ya fueron sanadas, y hoy las contemplamos con gratitud porque una cicatriz es la evidencia de que algo dolió, pero también de que Dios restauró aquello que un día estuvo roto. Por eso es tan importante identificar las heridas que aún permanecen en nuestro interior. Una de las más profundas y dolorosas es la herida de abandono.

El origen de la herida de abandono

Las heridas de abandono a veces son las más ocultas y escondidas. Muchas veces esta herida no nace por decisiones nuestras, sino por circunstancias que estuvieron fuera de nuestro control. Puede haber comenzado en una infancia difícil, por la ausencia de un padre o una madre, por el rechazo, por la falta de afecto o incluso porque, aunque nuestros seres queridos estuvieron presentes físicamente, nunca lograron llenar el vacío que había en nuestro corazón.

Lo que el corazón necesitaba

Para comprender el abandono, también necesitamos entender su opuesto. Lo contrario de haber sido abandonado es haber sido acogido, amado, aceptado, acompañado, abrazado, cuidado, protegido y sostenido. Cuando estas necesidades no son cubiertas, el corazón puede sentirse olvidado, rechazado y solo.

Una herida que no fue nuestra responsabilidad

Lo más difícil de esta herida es comprender que muchas veces no dependió de nosotros. No estaba en nuestras manos cambiar las decisiones de quienes nos abandonaron. Podemos expresar nuestro dolor, hablar con sinceridad y desear que las cosas hubieran sido diferentes, pero no podemos cambiar el pasado ni las decisiones de otras personas.

La verdad que vence la mentira del abandono

Sin embargo, tampoco estamos llamados a vivir toda la vida con esa herida clavada en el corazón. En algunos casos, la herida llega a ser tan profunda que no solo sentimos que las personas nos abandonaron, sino que también comenzamos a creer que Dios nos ha olvidado. Esa es una de las mentiras más dolorosas que el enemigo puede sembrar en nuestro corazón. Pero Dios nunca miente. Él mismo afirma en Su Palabra: "Aunque ella lo olvidara, yo nunca me olvidaré de ti." Su presencia permanece aun cuando nuestros sentimientos nos hagan pensar lo contrario. Él jamás nos olvidará. Y nos da la razón: "Grabada te llevo en las palmas de mis manos."

Grabados en las manos de Dios

Qué hermosa imagen. Dios no solo nos recuerda; nos lleva grabados en Sus manos. Somos valiosos para Él. Nuestra vida está siempre delante de Sus ojos y jamás deja de pensar en nosotros. Cuando Jesús resucitó, mostró a Sus discípulos las cicatrices de Sus manos. Aquellas marcas ya no hablaban de derrota, sino de victoria, porque cada cicatriz le recordaba al mundo el sacrificio de amor que había hecho por cada uno de nosotros y el eterno e inmenso amor con el que entregó Su vida por ti y por mí. Esas manos marcadas son la mayor prueba de que nunca hemos sido abandonados por Dios.

Descansar en la fidelidad del Padre

Si queremos sanar la herida del abandono, debemos descansar en esta verdad: Dios jamás se olvidará de nosotros. Aunque las personas fallen, aunque quienes más amamos nos decepcionen o se alejen, el Señor permanece fiel. Él nos recibe, nos abraza, nos sostiene y nos llama hijos, somos aceptos, somos amados, somos escogidos y nunca olvidados.

Una invitación a dejar atrás el abandono

Hoy es tiempo de dejar atrás el sentimiento de soledad, de rechazo y de abandono. Es tiempo de descansar en la seguridad de que pertenecemos al Padre. Estamos grabados en Sus manos y nada podrá borrar el amor que Él tiene por nosotros. Si hoy tu corazón se siente abandonado, recuerda esta promesa: vives esculpido en las manos de Dios, eres parte de Él y Él nunca se olvidará de ti.

La clave para sanar

Para sanar la herida del abandono, hay que abandonarse en las manos de Aquel que dio su vida por nosotros.

Oración

Señor, hoy pongo delante de Ti toda herida de abandono que aún permanezca en mi corazón. Ayúdame a creer que nunca me has dejado y que siempre has estado conmigo. Llena todo vacío con Tu amor, hazme descansar en Tus promesas y permite que viva con la seguridad de que estoy grabado en las palmas de Tus manos. En el nombre de Jesús. Amén.