- Devocionales Cuerpo de Cristo
- Posts
- Priorizar el Propósito, No la Prisa
Priorizar el Propósito, No la Prisa
Por Sully López de Barra - Devocional 07 de febrero 2029.

Devocional de hoy
Priorizar el Propósito, No la Prisa
“Jehová irá delante de vosotros; y el Dios de Israel será vuestra retaguardia.”
Isaías 52:12
Un mundo que vive acelerado
Vivimos en un mundo marcado por la velocidad. Todo va de prisa: los transportes son cada vez más rápidos, las comunicaciones son instantáneas, los mensajes llegan en segundos y la información viaja en un parpadeo. Incluso la comida que antes requería horas de preparación ahora puede estar lista en minutos en un microondas. Hemos aprendido a vivir acelerados, acostumbrados a lo inmediato, a lo exprés, a lo “ya”.
El ritmo de Dios no es el ritmo del mundo
Sin embargo, la vida en el Señor no funciona al ritmo del mundo. Una vida consagrada a Dios no se rige por la prisa humana, sino por el propósito divino. Podemos avanzar rápido en muchas áreas, pero cuando se trata del plan de Dios para nuestra vida, Él nos invita a caminar con fe, escucha y confianza.
Cuando la prisa nace del temor
Muchas veces corremos porque tenemos miedo de quedarnos atrás, porque nos comparamos con otros o porque queremos controlar los tiempos. Pero Dios nos recuerda que Él va delante de nosotros y también cuida nuestra retaguardia. Esto significa que no necesitamos apresurarnos con ansiedad: estamos cubiertos por Su presencia, guiados por Su sabiduría y protegidos por Su poder.
El valor de detenerse y esperar
Priorizar el propósito de Dios implica aprender a detenernos, escuchar Su voz y caminar a Su ritmo. Hay procesos que requieren paciencia; hay caminos que necesitan discernimiento; hay silencios que forman carácter y tiempos de espera que fortalecen nuestra fe. No todo retraso es pérdida: muchas veces es una preparación.
Jesús: el ejemplo de una vida sin prisa
Jesús mismo, nuestro mayor ejemplo, nunca vivió con desesperación. Caminó con paz, se detenía por el camino a ver la necesidad de la gente, a sanar y a escuchar, y aún así cumplió perfectamente Su misión. Él nos enseña que el éxito espiritual no se mide por velocidad, sino por obediencia y confianza.
Caminar guiados, no impulsados
Cuando consagramos nuestra vida al Señor, dejamos de correr por temor y empezamos a caminar con esperanza. Dejamos de actuar por impulso y comenzamos a actuar por dirección divina. Ya no preguntamos solo “¿qué tan rápido puedo llegar?”, sino “Señor, ¿es este el camino que Tú quieres para mí?”.
Una invitación a soltar la prisa
Hoy el Señor nos invita a soltar la prisa y abrazar Su propósito. Él ya va delante de nosotros abriendo camino, y nos guarda por detrás para que nada nos arrebate de Su plan.
Recordemos… Una vida consagrada no corre desesperada, sino camina confiada.
Oración
Señor, hoy te entregamos nuestros tiempos, nuestros planes y nuestras prisas. Enséñanos a caminar a Tu ritmo y no al del mundo. Gracias porque Tú vas delante de nosotros abriendo camino y nos guardas por detrás con Tu protección. Ayúdanos a confiar cuando tengamos que esperar, a escuchar cuando queramos correr y a permanecer en paz cuando todo parezca incierto. Queremos priorizar Tu propósito por encima de nuestra prisa. Guíanos cada día con Tu Espíritu Santo y llévanos por la senda que Tú has preparado para nosotros, siempre en tu tiempo y en tu voluntad. Amén.

