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Prioridades: Elige la buena parte
Por Claudio Moretto - Devocional 20 de octubre 2026.

Devocional de hoy
Prioridades: Elige la buena parte
No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Mateo 4:4
Luchamos por el pan del mundo, pero Dios ya sabía cómo alimentarnos. El que dirige nuestras vidas es Cristo, y la batalla es del Señor. El enemigo viene a golpearnos y a destruirnos, y cuando nos golpea, muchas veces no sabemos cuál es nuestra reacción. Pero el Señor nos enseña dónde ir a buscar el alimento que necesitamos.
Cuando leas la Biblia, pon tu nombre y verás cómo Dios obra antes, ahora y por los siglos. Señor, ayúdanos a tener una buena actitud y corrígenos con tu Palabra.
Los afanes y la buena parte
Muchas veces damos lugar a la rutina y a creernos sabios con nuestra propia opinión. Los quehaceres no nos dejan ver lo importante: la buena parte.
Mientras iba de camino con sus discípulos, Jesús entró en una aldea y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba lo que él decía. Marta, por su parte, se sentía abrumada porque tenía mucho que hacer. Así que se acercó a él y dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola? ¡Dile que me ayude!—Marta, Marta —contestó el Señor—, estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero solo una es necesaria. María ha escogido la mejor y nadie se la quitará.
Lucas 10:38-42
Cuesta poner al Señor en primer lugar. Llegar tarde, no entregarle nuestras cargas, nuestras tareas, nuestros trabajos y nuestras preocupaciones por la familia puede hacer que dejemos de lado lo verdaderamente importante. Él es celoso. ¿Todo? ¡Es todo!
Cada uno es distinto. Cada hermano tiene una capacidad. No seas como Marta, que estaba preocupada por servir y le dijo al Señor: «¿No te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?».
Los afanes te ponen un velo que no te deja ver lo importante. Cada día es un regalo. A cada día le basta su propio afán, y tenemos que aprender a descansar en el Señor. No dejes que te turben estos vientos tan fuertes; el Señor te cuidará.
No se trata de que María fuera una vaga, sino de que María sabía qué era lo importante: buscar a Dios. Nadie más te va a dar esa tranquilidad, porque la paz es lo que te permite escuchar la voz del Señor.
La actitud del corazón delante de Jesús
Y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.
Juan 11:19-27
La actitud de Marta era diferente. Marta salió al encuentro de Jesús, mientras María se quedó en casa con su dolor. Algunas veces nosotros también salimos para que nos vean, pero tenemos que preguntarnos cuál es nuestra verdadera actitud delante del Señor.
Jesús le dijo a Marta: «Yo soy la resurrección y la vida». Sin embargo, Marta le respondió que sabía que Lázaro resucitaría en la resurrección, en el día postrero. Se adelantaba a lo que Dios podía hacer en aquel momento. No dejes de lado lo importante, porque para Él no hay nada imposible.
María hizo lo correcto al ponerse de rodillas delante de Jesús. Con sus problemas y sus situaciones, se acercó al Señor con humildad y le dijo las mismas palabras que Marta: «Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano».
Podemos acercarnos a Dios con una actitud altiva o con una actitud humilde. No mires a tu alrededor ni estés pendiente de lo que hacen los demás. Mira al Señor y aprende a tener una actitud de rodillas delante de Él.
No te afanes: confía en el Señor
Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida y el cuerpo más que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan, ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? ¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos. Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?”, o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?”. Los paganos andan tras todas estas cosas, pero su Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, entonces todas estas cosas les serán añadidas. Por lo tanto, no se preocupen por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.
Mateo 6:25-34
No te afanes. El Señor no te dejará mendigar; Él sabe lo que necesitas. Ten cuidado de no perder la confianza. Pelea, porque la batalla es del Señor, y agárrate a Sus promesas.
Hay una paz que sobrepasa todo entendimiento. Aunque no entiendas, aunque sientas que no puedes superar una situación o tengas temores, acércate a Jesús y dile: «Señor, enséñame a ponerme de rodillas delante de ti».
Busca primero el Reino de Dios
Graba en tu corazón esta palabra: busca primero el Reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas te serán añadidas.
¡Y cuántas cosas te ha dado el Señor! ¿Cuántas te ha añadido? No te afanes; vive día a día, confiando en que Él tiene el control de todo.
Él calma los vientos. Él sabe lo que necesitas. Aprende a poner al Señor en primer lugar, a entregarle tus cargas y a escoger cada día la buena parte: estar en Su presencia y escuchar Su voz.
Que Dios te bendiga.

