No Religión, sino una Relación con Dios

Por Daniel Díez - Devocional 05 de septiembre 2026.

Devocional de hoy

No Religión, sino una Relación con Dios

Conocer acerca de Dios no es conocer a Dios

Hay una diferencia enorme entre conocer cosas acerca de Dios y conocer a Dios. Podemos estudiar la Palabra, podemos aprender, memorizar textos, conocer traducciones, estudiar teología y saber muchas cosas acerca del Señor, pero eso no significa que le conozcamos realmente.

La religión frente a una experiencia personal con Dios

La religión es como cuando alguien te cuenta una película que nunca ha visto. Puede haberte contado lo que sucede, puede haber visto imágenes o un tráiler, pero no la ha vivido, no la ha experimentado. Y eso es lo que ocurre cuando hablamos de Dios sin haberle experimentado.

Dios no quiere que simplemente sepamos cosas acerca de Él. Dios quiere que le conozcamos a Él. Quiere darse a conocer a nosotros y tener una relación personal con nosotros. No puedo encajar a Dios en mi manera de pensar, porque Dios no se puede controlar, almacenar ni gestionar. Él es Dios.

Una relación basada en el amor, no en la obligación

Por eso necesito apartar de mi vida todo aquello que convierte mi relación con Dios en una religión basada solamente en normas, obligaciones y esfuerzos humanos. Dios no quiere robots. Él no quiere que hagamos las cosas obligados. Él quiere que actuemos por amor.

Jesús nos muestra el camino hacia esa relación

Jesús nos muestra el camino hacia esa relación:

“Porque conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

Y Cristo es la verdad, la vida y el camino. Conocer a Cristo significa tener intimidad con Él, hablar con Él, preguntarle mis dudas, contarle mis miedos y poner sobre Él mis cargas.

“Venid a mí los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”

Mateo 11:28

Hablar con Dios y acudir a Él

Esto es una relación personal. Puedo decirle al Señor: “Me preocupa esto. Estoy angustiado. No puedo dormir. Ayúdame, Señor”. Y acudir a Él con fe y humildad, porque Él da gracia a los humildes.

Una relación que transforma nuestra manera de tratar a los demás

Pero esta relación con Dios también tiene que transformar mi manera de tratar a los demás. Dios quiere que recibamos su misericordia y que esa misericordia produzca algo en nosotros.

La Palabra dice:

“Qué haré a ti, Efraín? A ti, oh Judá? La piedad vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada que se desvanece. Por esta causa los corté por medio de los profetas. Con las palabras de mi boca los maté, y tus juicios serán como luz que sale. Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.”

Oseas 6:4-6

Misericordia quiero y no sacrificio

Misericordia quiero y no sacrificio. No valen los esfuerzos humanos cuando hacemos las cosas de mala gana. Si hago algo para el Señor, quiero hacerlo de corazón. No quiero venir obligado, ni servir obligado, ni hacer las cosas simplemente porque alguien me lo impone.

Dios quiere que yo le busque porque quiero estar con Él. Quiere que exista comunión. Quiere mi corazón.

El amor recibido produce amor hacia los demás

Porque Él nos amó primero. Somos amados, y ese amor tiene que producir en nosotros amor hacia los demás. Pero ¿cómo voy a mostrar misericordia si yo mismo no he recibido misericordia? ¿Cómo voy a perdonar si no he experimentado el perdón de Dios?

Necesito acudir primero al Señor con mis fallas y mis pecados para ser restaurado. Y cuando recibo su perdón, aprendo a perdonar. Cuando recibo su amor, aprendo a amar. No somos nosotros los que conseguimos hacerlo por nuestras propias fuerzas; es Dios quien lo hace a través de nosotros.

Jesús también nos advierte:

“Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí, pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.”

Y continúa diciendo:

“Oíd, y entended: no lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.”

Cuidado con seguir ciegamente a otros

Después Jesús dice:

“Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada. Dejadlos. Son ciegos guías de ciegos. Y si el ciego guía al ciego, ambos caerán en el hoyo.”

Vivir mi propia experiencia con Dios

Por eso no quiero vivir mi fe a través de la fe de otros. Puedo escuchar una predicación, puedo congregarme y recibir una palabra, pero yo tengo que experimentar el amor de Dios en mi propia vida.

Tengo que conocer al Señor personalmente. Tengo que vivir una relación con Él. Tengo que poder contar lo que Dios ha hecho conmigo, no simplemente repetir lo que alguien me ha contado.

Cuando Dios toca el corazón, nos transforma

Porque cuando Dios toca mi corazón, no me deja igual. Me transforma para que también pueda transformar la vida de otros. Entonces puedo salir y decir: “El Señor me ha hablado. Dios me ha dado palabra. Yo he vivido esto”.

No solo saber de Dios, sino conocerle

No quiero ser alguien que solamente sabe cosas acerca de Dios. Quiero conocerle, experimentarle y vivir su presencia. Quiero que el amor de Dios transforme mi vida y que esa transformación alcance también a las personas que están a mi alrededor.

Una decisión: quiero a Cristo

Y por eso tengo que tomar una decisión. No quiero una religión que me obligue y me manipule. Quiero a Cristo. Quiero que Dios gobierne mi corazón. Quiero vivir en su presencia y hacer su voluntad.

Hoy tengo delante de mí la oportunidad de decidir si quiero que Dios gobierne mi corazón, si quiero que sea Él quien transforme mi vida y si quiero seguirle.

Señor, quiero conocerte

Señor, quiero conocerte. No quiero solamente saber cosas acerca de Ti. Quiero experimentarte, sentir tu amor y sentir tu presencia transformadora. Quiero que cambies mi vida para poder ser instrumento de cambio en la vida de los demás.

Porque Tú has puesto a nuestro alcance el camino perfecto:

“Jesucristo, el único camino al Padre, el único camino a tu presencia.”

Y quiero caminar por ese camino, no por mis méritos, sino por los suyos. Quiero acercarme a Ti, conocerte y experimentar tu amor.

Una oración final

Señor, permíteme conocerte y permíteme experimentarte. Que tu amor transforme mi vida y transforme también mi entorno. Amén.