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Me Postro Ante Tu Majestad
Por Rebeca Díez - Devocional 22 de agosto 2026.

Devocional de hoy
Me Postro Ante Tu Majestad
La grandeza de Dios y la humildad del hombre
Yo habito en la altura y la santidad; y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados.
Isaias 57:15
Las coronas delante del trono
En Apocalipsis, los ancianos se postran ante el trono, echando sus coronas a sus pies.
Una corona se utiliza para varias cosas.
Significa realeza. Los reyes utilizan coronas pues es un símbolo para alguien con distinción, importante, una alta posición.
Se utilizan coronas para premiar a los ganadores de juegos. Simbolizan un premio, y un premio que trae gloria.
Las personas que tienen coronas, merecen admiración, expectación, respeto, gloria.
Los 24 ancianos, por alguna razón, tenían coronas. Pero ellos reconocen que su gloria, por muy grande que sea, no se compara a la del Rey que está sentado en el trono y al verlo a El, su reacción, casi natural, es echar sus coronas delante del trono.
Él es todo
Él es todo, yo “poquitíca” cosa. Sus caminos son más altos que mis caminos. Sus pensamientos son más altos que mis pensamientos y esto es lo que debemos recordar cada vez que adoramos a Dios.
Muchas veces no queremos echar nuestras coronas a sus pies, porque perdemos el protagonismo, los títulos delante de los hombres, la honra de los demás, la admiración de nuestros semejantes….deberíamos estar dispuestos porque vale mucho la pena. Vale la pena perder todos esos títulos y ganar el amor del Amado.
Nuestra posición delante de Dios
Todos nosotros necesitamos adorar al Señor. Y por eso nos lo manda porque sabe que somos muy olvidadizos, y si no le adoramos, nos olvidamos de nuestra posición: rendidos a sus pies, con nuestras coronas echadas delante de su trono.
Postrarnos delante del trono, implica bajarnos del trono de nuestras propias vidas, y permitir que el Rey se siente ahí, para gobernar en todas nuestras actividades, pensamientos y palabras.
El trono de nuestra propia vida
A veces, estamos bien sentados en el carro, llevando las cuerdas de los caballos, decidiendo cuando andan y cuando paran, a donde van, de donde vienen…
Nos revelamos al bajarnos del burro y nos reservamos el derecho de tener nuestra propia autoridad, sin querer entregársela a nadie.
El Dios que habita entre las alabanzas
“Tú eres Santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel.”
Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se POSTRARON sobre sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo: te damos gracias Señor Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder y has reinado.
Apocalipsis 11:16-17
Cuando adoramos, Él reina
Cuando alabamos a Dios, al cantarle, al postrarnos delante de El, estamos creando un lugar donde El puede descender y permanecer con nosotros, reinar, juzgar, ejercer su autoridad, consolar o corregir.
Pues lo mismo ocurrirá si permitimos que se siente sobre el trono de nuestras vidas, podrá hacer todas esas cosas y más, porque El tiene el control.
Humildad que produce fruto
Debemos ser humildes, y no autosuficientes, orgullosos o engreídos y nuestras vidas estarán hasta rebosar de frutos de alabanza para ofrecer al Señor y de frutos de amor para ofrecer a los demás.
Seamos verdaderos adoradores que con la cabeza bien gacha y nuestras coronas a sus pies, agradamos a Dios, y experimentaremos el amor del Amado, su verdadera fuerza y poder, morando y creciendo en nosotros.
El verdadero valor de la humildad
No olvides que el poder y la fama son apetecibles para un mundo ambicioso y carnal, pero son despreciables delante de Dios. Dios exalta a los humildes y nos invita a vivir una vida desinteresada y de alabanza.
Debemos ser humildes como las espigas que llevan mucho fruto y que por eso están dobladas hacia abajo, porque el hombre sabio cuanto más sabe, más siente la humillación de lo que le falta por saber. Así debemos vivir, con la cabeza baja, no bien alta, con aires de altilocuencia y soberbia, sino con sencillez de corazón.
Dependencia de Dios en las pruebas
Perdamos la autosuficiencia ya de una vez y confiemos en que esas pruebas que vienen y nos rompen los esquemas y nos dejan sin recursos y salidas, y sin embargo nos ayudan a clamar a Dios, a depender de El, y a conocer la verdadera seguridad que solo Él nos da.
Oración
Señor, me rindo ante ti, tómame, con mi debilidad, mis torpezas, mi pequeñez, pero quiero ser tuyo, quiero ser olor grato para ti, quiero aprender de ti que eres manso y humilde, tan precioso más que el oro. Quiero aprender a ser un verdadero adorador, que te adora con un corazón postrado al Gran Yo Soy, al que es Digno de toda Honra, al que me redimió y me salvó, al que se lo debo TODO.

