Maria: La Madre de Jesus

Por Rebeca Díez - Devocional 16 de diciembre 2025.

Devocional de hoy

Maria: La Madre de Jesus

Una mujer escogida por Dios

Cuando consideramos a María, la madre de Jesús, nos damos cuenta que fue una mujer excepcional.
Dios la eligió para ser la madre de Su Hijo. ¡Qué honor fue ser escogida, y cuán especial debe haber sido ella!. María era hija de Elí, de la tribu de Judá, del linaje de David. María, fue un instrumento escogido para hacer la tarea más grande que Dios le haya confiado a cualquier ser humano; pero aun así, ella fue sólo un instrumento.

Instrumento, no protagonista del plan de redención

Fue Jesús mismo, y no Su madre, quien iba a cumplir el plan de Dios de redención. Sin embargo, su honrosa posición, como Su madre, la coloca aparte de todas las demás. A ella le fue confiada la misión de dar a luz y cuidar al propio Hijo de Dios. El carácter de María debe haber sido sobresaliente, pero, poseía la naturaleza humana caída del pecado. Ella fue una mujer humilde, paciente, fiel, amorosa, pero aún era una hija de Adán y Eva.

La humildad y obediencia de María

Vemos la humildad de María cuando el Angel Gabriel se le aparece. La humildad de su espíritu permitió que confiara y aceptara lo que él le estaba diciendo, aunque no pudiese entender cómo podía ser posible tal cosa.

Una persona orgullosa, examina y debate. María solamente aceptó la voluntad de Dios, mientras continuaba considerándolo en su corazón. María tenía ante ella una elección, pero eligió inclinarse a la voluntad de Dios. Escogió obedecer y creer, aun contra todo lo que parecía racional humanamente. ¿Por qué? Porque de algún modo, dentro de ella, en lo profundo, sabía que Dios iba a cumplir Su promesa a Su pueblo Israel -¡una promesa hecha en el Jardín del Edén miles de años antes!

Una madre que enseñó obediencia

María inculcó obediencia dentro del corazón de su Hijo, porque ella misma era muy obediente. Sus palabras, “Haced todo lo que os dijere” nos muestra el corazón sumiso que tenía” (Juan 2:5). Ella crió el Hijo más obediente que jamás haya nacido a hombre. La vida de su Hijo se desenvolvió alrededor de una cosa: “Yo vengo para hacer tu voluntad, oh Dios.” Dios había escogido una madre cuyo corazón latiera con el espíritu de obediencia.

Ella sabía que sería malentendida y quizás incluso rechazada por su propia familia, amigos y vecinos. Se dio cuenta que muchos imaginarían que era una mujer impura, que no había podido guardar su virginidad hasta el matrimonio. Pero estuvo dispuesta a enfrentar el escarnio y los malos entendidos que acompañarían su aceptación a los decretos del ángel. Esto nos muestra una verdadera dedicación a la voluntad de Dios.

Humildad en medio de la pobreza

María tenía aproximadamente diecinueve años cuando el ángel Gabriel la visitó. Provenía de una familia pobre, y estaba desposada con un hombre sencillo. El aprendió la difícil tarea de un carpintero, para proveer las necesidades cotidianas de la vida. Sin embargo, su familia fue rica en fe, aunque no en bienes materiales. La pobreza y las dificultades asociadas al nacimiento y la vida de Jesús, nos da un importante mensaje de humildad.

Un ejemplo de sacrificio y servicio

María nos enseña un mensaje de sacrificio, autonegación y servicio.

“He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.”

Lucas 1:38

Es el mismo mensaje que Jesús enseñó cuando anduvo en humildad en la tierra.

Una enseñanza para los hogares cristianos

En muchos hogares cristianos, con bastante frecuencia, los hijos son consentidos y se les permite decidir sus propios caminos. Como resultado, los hijos esperan demasiado, piden más y muestran poca gratitud. El camino del sacrificio y la autonegación, a menudo no forman parte de su vida diaria. Por este motivo, los padres deben hacer hincapié en los peligros de la mundanalidad y la ingratitud.

María como testigo del crecimiento de Jesús

María, cariñosamente, observaba a su amado Hijo crecer en gracia y favor con Dios y los hombres. Ella se maravillaba y asombrada de su sabiduría y entendimiento a Sus doce años, cuando él estaba ante los teólogos de Su tiempo.

Fe en los momentos de gloria y dolor

Sin embargo, fue el vivir en fe lo que la llevó a una vida victoriosa con el Hijo de Dios. A causa de su fe en El, ella lo vio realizar Su primer milagro en las Bodas de Caná, el cual lo proyectó a Su ministerio de milagros de tres años y medio. Esta fe también sostuvo a María durante el tiempo más difícil de su vida, mientras ella permanecía valientemente con él durante sus momentos más terribles, la cruz del Calvario.
Estuvo dispuesta a soportar el dolor con él, porque no estaba conforme a que él soportara solo esa agonía. Debe haber sido un duro golpe para ella.

Una vida marcada por la oración

María también fue contada entre los ciento veinte que permanecieron en oración en el Aposento Alto, hasta que el Espíritu Santo fue derramado. Es interesante observar que la última cosa registrada de ella Hechos 1:14, fue que proseguía en oración. Ciertamente, la vida de María fue una vida de oración. Al paso de los años, y estando consciente del principio único de Jesús, y oyendo las cosas que se decían de El, su corazón se dedicó y levantó muchas veces en oración a Dios por guía y fortaleza.

Oración final

Señor, quiero decirte como dijo María: hágase conmigo conforme a tu palabra, quiero ser tu siervo, tu sierva y vivir en humildad cumpliendo el plan que tú ya has diseñado para mí.