Maria De Betania y la Resurrección de Lázaro

Por Rebeca Díez - Devocional 1 de noviembre 2025.

Devocional de hoy

Maria De Betania y la Resurrección de Lázaro

El Hogar en Betania

Lázaro vivía en Betania junto a sus hermanas, Marta y María, una aldea cercana a Jerusalén. Los tres mantenían una estrecha amistad con Jesús, quien solía visitar su hogar acompañado de sus discípulos. Allí encontraba un ambiente de descanso y cálida hospitalidad, lejos por un momento de las exigencias de su ministerio.

Según relatan las Escrituras, Marta era diligente y siempre atenta a las necesidades de los visitantes, ocupada en servir y organizar. María, en cambio, prefería permanecer junto a Jesús, sentada a sus pies, mientras Marta se encargaba de los quehaceres propios de una casa llena.

En María se reflejaba una paz interior, una serenidad que no se alteraba con facilidad. Su amor por Jesús era profundo y evidente, y lo expresaba con entrega sincera. Representaba un corazón puro, lleno de afecto, dispuesto a demostrarlo sin reservas. En su devoción, no se preocupaba por lo material, sino que buscaba el alimento espiritual, el Pan de Vida. María poseía una sensibilidad especial, era una mujer contemplativa que hallaba su mayor alegría en estar cerca de Jesús.

La Actitud del ADORADOR

En Juan 12:1-9, se nos da otro ejemplo impactante de la completa devoción y amor a su Maestro. La vemos a los pies de Jesús, esta vez rompiendo un vaso de alabastro y derramando ese carísimo ungüento (valorado en el salario de un año) sobre los pies de Aquél que ella amaba tanto.

Por este acto, vemos simbólicamente que María estaba dispuesta a humillarse y derramar su vida por Él. Los discípulos (agitados por Judas), se indignaron, y vieron este acto de devoción como un desperdicio de este carísimo perfume. Pero Jesús vio el amor en el corazón de María y supo también el significado profético de lo que ella había hecho. Esto fue solamente seis días antes de su muerte. Por lo tanto, Jesús apreció altamente su acto de pasión.

La Prueba de la Fe

Juan 11:29-45 nos cuenta la historia de la muerte de Lázaro. María y Marta habían enviado un mensaje a Jesús para que viniera rápidamente; pero Él se demoró y llegó demasiado tarde.

“María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.”

Juan 11:32

¡Allí estaba ella, postrada a sus pies de nuevo! Sí, quizás su fe fue probada por la demora del Señor, pero no fue destruida. Hubo decepción, ¡pero también hubo expectación! Más adelante en la historia, vemos que su fe estuvo bien justificada, porque Jesús levantó a Lázaro de entre los muertos.

¡Cuánto necesitamos tener una fe inquebrantable! De acuerdo a nuestro propio razonamiento, parece que Dios entra en escena demasiado tarde en nuestras circunstancias y las cosas no funcionan como pensamos que debieran, y debemos tener fe de que NO es demasiado tarde. Dios siempre está a tiempo. La naturaleza humana es impaciente y no ve las cosas como las ve el Señor.

Preguntas para Reflexionar

Como María, ¿le has pedido a Dios alguna vez algo que pensabas que era muy importante, y luego has descubierto que Él contestó tu oración en una forma totalmente diferente de la que esperabas?
¿Te desagradó esa respuesta? ¿Cuestionaste la decisión de Dios?

Los momentos difíciles son diseñados por Dios para producir fe y confianza.

Normalmente accionamos la bomba de la oración con la idea de recibir la respuesta que pensamos será la correcta. Sin embargo, debemos recordar que debemos orar con la voluntad de Dios en mente, y no la nuestra. A menudo, cuando menos lo esperemos, Dios nos sorprenderá con un “sí” a nuestra oración. Otras veces, Él responderá “no” a algo que hemos orado ansiosa y largamente. Aún otras veces, Él nos dirá que es tiempo de esperar.

Venció a la Muerte

Esta es la razón por la que la historia de la resurrección de Lázaro es tan importante. Si la oración de Marta y María hubiera sido respondida como ellas querían, Lázaro solamente hubiese sido sanado, no levantado de entre los muertos.

La sencilla pregunta que queda es ésta: ¿Qué respuesta le traería más gloria a Dios, la primera o la última?

¡Oh!, aprendamos bien la lección de esperar en Dios, porque el proceso de esperar nos ensancha y nos hace aprender a colocar nuestra esperanza y confianza solamente en Dios. Necesitamos fe y paciencia para heredar sus promesas.

Siempre habrá tiempos cuando nuestras circunstancias parezcan imposibles, como las de Lázaro, pero es entonces cuando debemos clamar, mucho más, a un Dios amoroso, para quien nada es imposible.

Cuando las cosas parecen ir peor, como María, debemos caer postradas a los pies de Jesús y clamar a Él por misericordia (Juan 11:32).

El Fruto de la Devoción

María fue una adoradora. Siempre se encontraba a Sus pies. Su devoción hacia Él le trajo mucho gozo y satisfacción, pero las Escrituras también nos muestran que eso produjo fruto eterno.

“Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él”

Juan 11:45

¡Qué fruto el que viene de ser un devoto seguidor de Jesús!

La resurrección de Lázaro atrajo la atención de la gente, pero cuando quisieron saber más acerca de Aquél que lo había levantado — ¿a quién acudieron para recibir más información? La Palabra nos dice que fueron a María, y creyeron.

Había algo en ella que atrajo su corazón hacia el Salvador, y ahora, después de la muerte y resurrección de su hermano, ella estaba atrayendo muchos corazones a Cristo.

En esto podemos decidir ser como María. Que poseamos un corazón como el de ella que atrae a otros al Salvador.

Oración Final

Señor, en ti está la Resurrección y la vida, cómo no voy a confiar en ti. Tú has vencido a la muerte, y estás Vivo para Siempre.