La Mujer Sirofenicia: Una mujer Humilde, Persistente y Llena de Fe

Por Rebeca Díez - Devocional 29 de octubre 2025.

Devocional de hoy

La Mujer Sirofenicia: Una Mujer Humilde, Persistente y Llena de Fe

Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija.

Marcos 7:24-29

Una mujer de fe

No sabemos el nombre de esta mujer, pero su historia nos conmueve y queremos aprender de ella. Mateo nos dice que ella era de Canaán, pero Marcos nos dice que era griega. A menudo el término griego se usaba para distinguir a los gentiles de los judíos. Por lo tanto, era una gentil.

Cuando Jesús estuvo en la región de Tiro y Sidón, vino esta mujer a Él pidiendo ayuda. Rogaba al Mesías pidiéndole que liberara a su hija que estaba poseída por un demonio.

Una madre amorosa y determinada

Ella era una madre amorosa, sufriente por su hija enloquecida. Y oyó que Jesús estaba haciendo muchos milagros y fue hacia Él con determinación, sin temor al qué dirán, sólo queriendo ver a su hija totalmente sana.

Presentando su ruego a Jesús, ella clamó diciendo:
“¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio”

Mateo 15:22

Reconociendo a Jesús como Mesías

Ella no era una israelita, y sin embargo, lo reconoció como el Mesías y le llamó Señor. Sin embargo, Jesús no respondió de inmediato. De hecho, Él aparentemente la ignoró por completo. Pronto, incluso los discípulos le ruegan que la despida, pues viene dando gritos detrás de ellos.

Cuando Jesús finalmente responde a su desesperación, lo hace con palabras que parecen frías:
“No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (v. 24).
¡Pero todo esto era una prueba! Jesús tenía un plan.

La fe que no se desanima

Ella estaba desesperada y necesitaba la ayuda de Jesús, pero no se iba a desanimar tan rápido. No vino a Él por enseñanzas, sino por la sanidad de su hija. Tenía fe, y Sus palabras no la desanimaron.

No se acercó a Él basándose en sus méritos o derechos. Se acercó apoyándose en Su misericordia, con humildad, reconociendo su pequeñez.

La humildad frente al rechazo

El rechazo no la lleva a enfadarse, sino a adorarlo. Hubo una sincera humildad en esta mujer. ¿Cuántos de nosotros habríamos reaccionado de otra manera?

“Entonces ella vino y se postró ante Él, diciendo: ¡Señor, socórreme!”
La adoración y reverencia vienen de un corazón desesperado, no de la frustración ni de la ira.

La prueba final y la respuesta de fe

Jesús sigue probándola. Cristo rompe el pesado silencio y le habla firmemente:
“No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”

Pensaríamos que esto sería el insulto final a esta pobre mujer, pero ella responde con humildad y sabiduría:
“Sí, Señor; pero aún los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”

Jesús responde:
“Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres”

¡Qué tremendo ejemplo de fe tenaz y preciosa humildad!

Lecciones de su historia

En ninguna historia del ministerio de Cristo vemos a alguien enfrentarse a un trato tan desalentador:

  1. Primero, el silencio. Cuántas veces Dios no nos responde cuando queremos.

  2. Luego, un aparente rechazo. Cuántas veces pensamos que Dios rechaza nuestra oración.

  3. Finalmente, una respuesta cercana al reproche, pero ella continúa suplicando.

Jesús conocía su corazón desde el principio y la fortaleza de su fe. Fue probada, terminando en alabanza, honor y gloria

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo

1 Pedro 1:6-7

El corazón de Dios y la humildad

Para entender completamente esta historia, debemos comprender el corazón de Dios. Nada le agrada más que una gran fe. Su propósito no era avergonzarla, sino aumentar su fe.

Antes de la honra está la humildad. A veces creemos que merecemos reconocimiento o ayuda, pero no es así. Como esta mujer, debemos llegar a un lugar de humildad extrema, reconociendo que solo participamos de las “migajas” que caen de la mesa de nuestro Padre.

Oración

Señor, queremos llegar a ser como Cristo, el más humilde. Ayúdanos en este proceso de humillación tan esencial para nuestra alma. Todo lo que tenemos en esta vida es por Tu gracia: sanidad, dones, frutos del Espíritu y provisión. Toda victoria viene de la fortaleza de Tu diestra, y no de la nuestra.