La Mente Entenebrecida y la Mente Renovada

Por Javi Jiménez - Devocional 08 de agosto 2026.

Devocional de hoy

La Mente Entenebrecida y la Mente Renovada

La mente: el campo de batalla

Hoy quiero hablarte de algo profundo, delicado, casi un berenjenal… pero necesario: la mente. Ese lugar donde se alojan el conocimiento, la memoria, los pensamientos, las ideas, las decisiones. La mente consciente, la subconsciente, los procedimientos, la mentalidad con la que interpretamos la vida. La mente es un mundo que ni los científicos han logrado comprender del todo, pero la Palabra sí nos da luz.

“Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen.”

Romanos 1:28

Y unos versículos antes, en Romanos 1:21: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.”

Cuando la mente se aparta de Dios

Cuando el hombre se aleja de Dios, la mente se corrompe. Entran ideas, filosofías, pensamientos que destruyen relaciones, que envilecen, que esclavizan. El enemigo siempre quiere reprogramar la mente, meter argumentos, estructuras mentales que nos condicionen para que, aunque intentemos salir del círculo vicioso del pecado, volvamos a lo mismo. Como la cerda lavada que vuelve al fango, o el perro al vómito. Porque la mentalidad sigue siendo la misma.

La necesidad de una mente renovada

Por eso hoy quiero hablarte de la renovación de la mente. Sin esa renovación, aunque tengas emociones, sentimientos, buenas intenciones, volverás a lo mismo. La mente natural no cambia por cantar una alabanza. Cambia cuando la Palabra sustituye mentiras por verdades eternas.

Nabucodonosor: cuando el orgullo oscurece la mente

Nabucodonosor era el rey más poderoso de su tiempo. Babilonia era esplendor, belleza, grandeza. Pero cuando se llenó de orgullo, Dios lo castigó y su mente se volvió como la de un animal. Comía hierba, gruñía, vivía como una bestia… hasta que reconoció que el cielo gobierna. Entonces Dios lo restauró. Apartarse de Dios convierte al hombre en bestia. Por eso necesitamos humildad.

Un proceso personal de renovación

Yo mismo, después de 62 años, he descubierto cosas de mí que no conocía. Reacciones que no manejo bien. Y eso me ha llevado a un proceso de introspección, de reseteo interno. Pero ese reseteo necesita guía: el Espíritu Santo y la Palabra de Dios. Y también humildad, porque uno se encuentra murallas de orgullo que hay que derribar para poder crecer.

La pureza y la corrupción de la mente

“Todas las cosas son puras para los puros; mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro, pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan.”

Tito 1:15–16

El puro ve pureza. El impuro ve corrupción. El ladrón cree que todos son ladrones. El mentiroso cree que todos mienten. El que tiene la mente podrida lo ve todo podrido. Por eso necesitamos volver a un estado de pureza, de inocencia sin malicia, de percepción limpia.

La mente natural no puede agradar a Dios. Los designios de la carne son enemistad contra Dios. Por eso la mente debe ser transformada.

La vanidad de la mente

“Ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente; teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón.”

Efesios 4:17–18

La vanidad de la mente es superficialidad. La distracción y la dispersión son armas del enemigo. El mundo está diseñado para que no reflexiones, para que vivas entretenido, disperso, sin profundidad. Pero Dios lleva a sus hombres al desierto: a la concentración, al pensamiento profundo, a la introspección.

El ruido interior y la paz de la mente

Muchos viven con la mente como una jaula de grillos: ruido, tensión, agresividad, mal humor. Y eso afecta incluso cómo respondemos a quienes amamos. Yo mismo, a veces, respondo mal a mi esposa porque tengo la cabeza llena de tensiones. La salud mental necesita quietud. La paz interior solo llega cuando la mente está en silencio.

La mente entenebrecida

La mente entenebrecida vive en penumbra: hay luz para no tropezar, pero no para entender, ordenar, discernir. Por eso necesitamos tanto la Palabra, tanto la presencia de Dios.

La ignorancia y la dureza de corazón también destruyen la mente. Hay ignorancia del que no sabe… y del que no quiere saber. Hay dureza del que cree que no necesita guía, del que se aferra a su corazón engañoso.

¿Cómo cambiar? Volviendo al Creador. El programador del alma es el único que puede reparar el programa.

Despojarse del viejo hombre

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos; y renovaos en el espíritu de vuestra mente.”

Efesios 4:22–23

La pasada manera de vivir es la forma antigua de reaccionar, de percibir, de actuar. Muchos han venido a REMAR por problemas con esa pasada manera de vivir. Puedes mejorar físicamente, puedes estar apartado de la vorágine del mundo… pero si la mentalidad no cambia, volverás a lo mismo.

El viejo hombre debe ser revisado. Hay cosas buenas que aprendimos… y otras que deben ser derribadas. Cuando la presencia de Dios baja, entra en conflicto con el viejo hombre. Unos se resisten. Otros se dejan transformar.

Renovar para vivir

Renovar la mente es revisar, derribar, reconstruir. No solo con herramientas naturales, sino con verdades espirituales que transforman la vida entera.

La condenación no es un castigo. Es una elección.

Hoy el Señor nos llama a renovar la mente, a salir de la distracción, la dispersión, la superficialidad, la soberbia, la ignorancia, la dureza. A entrar en luz, en profundidad, en introspección, en humildad, en pureza.

Que el Espíritu Santo nos guíe en este proceso. Que la Palabra nos ilumine. Que la mente sea transformada. Que el viejo hombre sea despojado. Que la vida de Dios gobierne nuestra mente.

Amén.

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