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La Herencia que Exigía Fe
Por Javi Jiménez - Devocional 23 de enero 2026.

Devocional de hoy
La Herencia que Exigía Fe
La herencia que parecía una maldición
La joven Esther fue para recibir la herencia, que su padre le había legado en vida. El primer pensamiento, le provoco un sentimiento de decepción, aquello más que una bendición parecía un problema. Era un terreno árido, pedregoso y solitario, alejado de cualquier lugar habitado.
¿Qué puedo hacer con esto, pensó? Después de analizar todas las opciones, la idea que más pesaba era la de venderlo y marcharse lejos. Así que se lo ofreció a familiares y amigos, pero sin ningún éxito ¿Quién querría un aquel terreno? El terruño exigía demasiada inversión y trabajo, hoy en día la gente quiere resultados inmediatos, poco trabajo y ninguna disciplina.
El deseo de una vida fácil
La joven Esther no estaba dispuesta ligarse a un proyecto a tan largo plazo, lo quería todo, aquí y ahora. A sus amigos de la ciudad parecía que les iba mejor sin responsabilidad con una vida fácil y divertida y ella anhelaba ese estilo vida. Pero una gran cadena la ataba a aquel pedazo de tierra y se sentía muy presionada y frustrada. Esa herencia más que un regalo era una maldición así es como ella lo sentía. No podía venderla, tampoco explotarla, por no tener capital ni experiencia.
La caída y la reflexión
Después de lamentarse por un tiempo por lo desdichada que se sentía, secó sus lágrimas dejando los sentimientos convulsos a un lado, reflexionó entrando en un proceso de introspección y análisis agotando todas las alternativas posibles. Desde el más profundo estado agotamiento emocional e intelectual, desde aquella penumbra, surgió un punto de luz, pensó en su padre, del cual se había distanciado por tener puntos de vista diferentes y el orgullo hizo el resto.
El camino de regreso
Como el tiempo pasaba y la situación empeoraba, depuró su corazón lleno sus alforjas de humildad, pagó el precio del camino de regreso a la casa de su padre, lejana en distancia pero más distanciados estaban en su relación. Cada paso era como coronar una cumbre, no sabía si su padre la recibiría con un abrazo o con un reproche esto la consumía por dentro. Llamando a la puerta el padre la abrazó con cariño y sin ningún reproche la abrió su casa, su corazón.
La palabra que sana
Sentados a la mesa mientras cenaban escucho el padre con mucha atención e interés el reporte negativo que su hija traía con respecto a la herencia recibida y le planteó la opción de abandonar el proyecto; en ese momento se sintió liberada de la presión que atenazaba su alma y se dejó caer en los brazos amorosos de su padre desahogándose, derramando su corazón. Esperó un tiempo hasta que las lágrimas se secaron y dieron paso a un estado de serenidad y receptividad, entonces el padre comenzó a hablar lentamente para dejar que las palabras fueran asimiladas y acomodadas en su interio,r ahora que el vendaval había dejado en calma su alma y los sedimentos dejaron el agua clara.
Aceptar el desafío
Las palabras sanaron su herido corazón, la ánimo a no tirar la toalla, a no rendirse y luchar aceptando que la disciplina, la constancia y el sufrimiento producen los mejores resultados y su amor la daría fuerzas y confianza. Una vez asumido el desafío, pasaron a la planificación y a la evaluación de los objetivos al cálculo de las capacidades y los inconvenientes y el padre se comprometió en el desarrollo del proyecto aportando a sus dos mejores colaboradores, uno aportaría capital y el otro, experiencia, pero ella tenía que aportar lo más importante, el trabajo.
El trabajo compartido
El primer colaborador era especialista en financiar empresas imposibles el otro colaborador era experto reflotar empresas hundidas, la condición es que los tres trabajarían en equipo, uno ponía el capital, otro la dirección y Esther el trabajo. Así que, manos a la obra, juntos recorrieron el terreno asimilando la gran empresa en que se habían embarcado.
De terreno estéril a vergel
Lo primero fue perimetrar y vallar, delimitando los lindes de la finca pues estaba tan abandonada que no se sabía dónde empezaba y donde acababa y levantaron una valla para protegerla de intrusos. Despedregar fue lo más duro hasta despejar el terreno y afloraron a la superficie la buena tierra, roturándola y sembrándola con buena semilla y a su tiempo, la cosecha abundante y aquel terruño estéril, se convirtió en un bello vergel.
La enseñanza final
Así es nuestra existencia, todos tenemos un terreno que cultivar que es nuestra vida, no es fácil y tenemos muchas limitaciones y dificultades, pero Dios, el padre, nos ha enviado a su hijo y con Él, la gracia de Dios y el Espíritu Santo que nos guía en todo momento solo de esta forma podremos ser fértiles y producir buenos frutos

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