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La Evolución del Cristiano
Por Iñaki Lataillade - Devocional 23 de noviembre 2025.

Devocional de hoy
La Evolución del Cristiano
Fundamento bíblico del crecimiento espiritual
“Pero creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.”
2 Pedro 3:18
La verdadera evolución del ser humano es cuando se acerca a Dios. Cuanto más se acerca mayor evolución. Entendiendo que Dios nos hizo a su imagen y semejanza y no venimos de ningún animal (creados por Dios también), el hombre llega a su máximo exponente como dice la palabra de Dios cuando llegue a la “estatura de la plenitud de Cristo” (Ef 4:13).
La humildad como camino de transformación
Para llegar a esa estatura tenemos que hacer un ejercicio de humildad, no muy acorde con el egocentrismo del hombre, pero sin embargo totalmente dentro del plan de Dios el cual mandó a su hijo para servirnos, y después de servirnos cumplir el cometido de limpiar nuestros pecados muriendo en la cruz.
Es por eso que Pablo decía en Jn 3:30 “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. Tremenda labor de ir hacia abajo y no hacia arriba que es lo que le propone al hombre su ego y su afán de destacar por encimas de los demás. Un texto para reflexionar en como tenemos que evolucionar en el Señor es el siguiente.
Juan el Bautista entendía que era bueno para él volverse menos visible y conocido, para que Jesús se volviera más visible y conocido. En aspectos aún más importantes, este debería ser el lema de todo cristiano.
Un camino de crecimiento continuo
La vida cristiana no es un punto de llegada, sino un camino de constante crecimiento. Cuando aceptamos a Cristo, nacemos de nuevo, pero como todo recién nacido, necesitamos alimentarnos, aprender a caminar y a fortalecernos en la fe. La “evolución” del cristiano consiste en dejar atrás las viejas formas de vivir y avanzar hacia la madurez espiritual, reflejando cada día más el carácter de Cristo.
Dependencia del Espíritu Santo
Crecer en el Señor significa aprender a depender cada día más de Él. Significa dejar que Su Espíritu Santo moldee nuestro carácter, nuestras decisiones y nuestras emociones. A veces, el crecimiento no es visible al principio —igual que una planta bajo la tierra—, pero Dios está obrando internamente, fortaleciendo nuestras raíces.
Arraigados en Cristo
Pablo dice que debemos estar “arraigados y sobreedificados en Él”. La raíz de una planta determina su fortaleza y su capacidad de resistir las tormentas. De la misma manera, nuestra estabilidad espiritual depende de qué tan profundamente estamos enraizados en Cristo.
“Bienaventurado el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.”
Jeremías 17:7–8
Cuando nuestra vida está plantada junto a las aguas del Espíritu, no nos marchitamos ante las pruebas. Crecer en el Señor no es solo saber más de Dios, sino aprender a confiar más en Él, especialmente en los momentos difíciles.
Confianza, deleite y obediencia
Jeremías se basa en las imágenes del Salmo 1, donde el hombre bendito es el que se deleita en la palabra de Dios (Salmo 1:1-3). En cierto sentido, Jeremías pensaba que confiar en el Señor era lo mismo que deleitarse en su palabra.
“Si se humillare mi pueblo sobre el cual mi nombre es invocado y oraren y buscaren mi rostro, entonces yo oiré desde los cielos y perdonare sus pecados y sanare su tierra”
2 Crónicas 7:14
El proceso de humillación y dependencia
En este texto se nos muestra como un cristiano puede evolucionar; humillarse ante el Señor es un acto de sabiduría como pocos, ya Dios aclara en el texto que somos su pueblo, y ¿cuál es nuestro cometido?, orar, buscar su rostro, hacernos más pequeños en reconocimiento de que nada podemos por nosotros mismos y Él perdonará nuestros pecados y sanará nuestra tierra.
La evolución en Dios consiste en ir hacia abajo para que repose sobre nosotros el poder de Cristo.
LA EVOLUCION LLEGA CUANDO LA PERSONA RECONOCE LA NECESIDAD DE DIOS, Y SE ARRODILLA ANTE ÉL

