La Cruz de Jesús

Por José Jesús García - Devocional 19 de noviembre 2025.

Devocional de hoy

La Cruz de Jesús

El Camino hacia la Cruz

El Camino de Jesús nos lleva a la Cruz. Jesús ya no está en el madero, Jesús resucitó, pero el símbolo de la Cruz nos recuerda la muerte de Jesús. Los romanos usaban esa cruz para los condenados, asesinos, ladrones, los de más baja condición, y allí, nuestro Salvador fue crucificado, en un símbolo de maldición, en una muerte cruel, brutal y humillante. Primero eran flagelados, recibían fuertes azotes en todo el cuerpo con látigos que en sus puntas tenían anzuelos, garras que desgarraban la carne. Recibían una dolorosa y horrible tortura, y después, en esas condiciones, les sacaban de los calabozos para ser expuestos a toda la población, por una vía donde transportaban ese madero pesado, y por fin, clavados con clavos en esa cruz hasta ser ejecutados. Las personas crucificadas no merecían ni siquiera ser enterradas.

La Cruz en la historia

A mediados del siglo I a. C., tras la rebelión de esclavos liderada por Espartaco, más de 6.000 prisioneros fueron crucificados a lo largo de la vía Apia por orden del Imperio romano; grandes legiones acudieron para apagar ese levantamiento. Cuántos cristianos fueron mártires como los apóstoles. Por fin, en el siglo IV, el emperador Constantino legalizó el cristianismo, pero hasta entonces, hubo gran persecución a los cristianos y muchos fueron sacrificados en el madero.

El propósito del sacrificio de Jesús

Jesús murió en ese madero para salvar a la humanidad, no de cualquier manera sino llevando todo ese oprobio, sacrificio, abnegación y dolor. Se predica poco de la Cruz, y el Ministerio de Jesús era llegar a esa bendita Cruz. Juan el Bautista dijo al ver a JESÚS: he aquí el Cordero que quita el pecado del mundo. Enmudecido como oveja que va al matadero, ese Cordero tan apreciado que con su sacrificio limpiaba los pecados de la humanidad. Se cumplió la palabra del Señor, el Mesías que vino para expiación de nuestros pecados, y nos enseña que esa Cruz, es el camino por el que debemos pasar sus discípulos.

El anuncio del sufrimiento

“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”

Mateo 16:21

Cuando el Señor nos muestra Su Camino, vemos a lo lejos esa Cruz y entendemos su plan maravilloso para nosotros. Pero muchos no quieren abrazar esa cruz y por eso muchos son los llamados y pocos los escogidos, porque el Camino se hace angosto.

El verdadero milagro

El verdadero milagro es llegar a esa Cruz y luego llegar a la Resurrección.
No acaba todo en la Cruz, sino en su Resurrección. Llegamos a ese sacrificio, en el que ese padecimiento es para vida. La Iglesia necesita ver milagros y para eso Dios nos llevará a las orillas del Mar Rojo persiguiéndonos los carros del Faraón. Ahí, es cuando llegamos a la Cruz, dispuestos, y es donde vemos la resurrección. Muchos no ven las maravillas del Señor porque no van a esa cruz, no están dispuestos a hacer la voluntad de Dios, a aceptar su sacrificio, sus retos, su plan.

Pedro y la lección del Maestro

“Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.”

Mateo 16:22-23

Miramos las cosas de forma natural, y Jesús le dio una lección a Pedro, porque era necesario padecer. Que Dios nos quite los tropiezos y estorbos como la falta de fe, la cobardía, los temores, el egoísmo, para que Dios obre. Nos cuesta venir a la iglesia, evangelizar, diezmar y son cosas tan pequeñas pero importantes en los primeros pasos del discípulo que dice; ya no vivo yo mas Cristo vive en Mi.

Negarse a sí mismo

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”

Mateo 16:24

Cuánto nos cuesta negarnos a nosotros mismos.

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?”

Romanos 6:3

Hemos muerto al pecado, al mundo, al bautizarnos, acercándonos al plan De Dios diseñado para nosotros y ser un utensilio De Dios usado por El. Y ese bautismo nos lleva a participar de su muerte, de esa Cruz.
¡¡Oh yo siempre amaré esa Cruz!!

“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”

Romanos 6:4

Llegamos a esa Cruz y ahí vemos sus proezas, sus respuestas a nuestro clamor, sus milagros se hacen realidad en nosotros.

Unidos a su resurrección

“Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.”

Romanos 6:5-6

Veremos ese manto de alegría tras pasar esos padecimientos, veremos su gloria, los cielos abiertos como los vio Felipe. La Resurrección es la vida, lo imposible, el gran milagro tras una muerte de Cruz. Si estimamos todo por basura como nuestro Maestro, veremos ese milagro en nosotros.
No sirvamos más al pecado.
El hombre natural peca, sólo el hombre resucitado en Cristo, vence al pecado.

Mirando a Jesús

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.”

Hebreos 12:2

Nos cansamos, nos diluimos en el mundo, nos perdemos, nos desanimamos, bajamos los brazos, dejamos de clamar, dejamos de buscar a Dios, de leer su Palabra, de postrarnos en nuestro aposento, en la intimidad, pero si ponemos los ojos en Jesús, vemos su hermosura, su belleza, su bondad, su entrega, su amor. Entonces Él nos fortalece y nos alienta.

“Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;”

Hebreos 12:4

Hasta qué punto estamos dispuestos a servir al Señor, mirando esa Cruz, esa preciosa Cruz. Pongamos nuestra mirada en Cristo y no miremos las cosas de este mundo.

Oración:

Señor, mirando esa preciosa Cruz sé que algún día en vez de una Cruz, mi corona Jesús me dará.
Así que hoy quiero coger esa Cruz y seguirte con todo mi amor.