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Hombres de Honra, Dignidad de Hijos De Dios
Por Ramón Ubillos - Devocional 20 de agosto 2026.

Devocional de hoy
Hombres de Honra, Dignidad de Hijos De Dios
La dignidad recibida por la filiación divina
Una característica especialmente importante en los Hijos de Dios es que por la filiación divina recibimos un grado de honra que nos hace diferentes al resto de los seres humanos. No es una cuestión de pertenecer a un grupo religioso concreto, sino una transformación de la dignidad que nos hace unos seres excepcionalmente diferentes.
“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios”.
Romanos 8:19
La restauración de una dignidad perdida
En la antigüedad se consideraban “Hijos de Dios” a los ángeles, pero a consecuencia de la redención por medio del ministerio del Señor en la Tierra, se concedió este privilegio a los seres humanos, que habían perdido esta dignidad por causa del pecado.
“Hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios”.
Lucas 3:38
En la genealogía de Jesús en el evangelio de Lucas, nos indica esa cualidad de Adán que perdió al pecar.
El privilegio de ser llamados hijos de Dios
“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”.
1ª Juan 3:1-2
El apóstol, por dos veces, enfatiza en la condición de “Hijos de Dios” y lo califica de privilegio fruto de Su gran amor.
La honra que Dios concede a quienes le sirven
“Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará”.
Juan 12:26
El Señor promete a aquellos que le sirven la honra de parte de Dios Padre. Entendemos el servicio en su concepción más amplia, que tiene que ver no solo con acciones de trabajo, sino con una actitud de adoración y respeto a Dios. Ambas condiciones solo se pueden dar en personas regeneradas por Dios, por eso también el Señor le recordó a la mujer samaritana que tipo de adoradores buscaba el Padre.
La verdadera adoración en espíritu y en verdad
“Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”.
Juan 4:22-23
Cualquier persona puede participar en rituales religiosos donde se repiten sistemas y frases que, aunque tienen una apariencia piadosa, no llegan más allá que a donde las ondas sonoras los llevan, la adoración “en el espíritu” solo la pueden ejercitar aquellos que han sido vivificados espiritualmente y desde esa condición servir a Dios en integridad, ahora sí, también en asuntos de tipo natural, donde su dignidad quede manifiesta como fruto de su filiación divina.
La dignidad del Hijo frente a la tentación
Cuando Satanás tentó al Señor en el desierto, ofreciéndole los reinos del mundo si postrado le adoraba, Él le respondió categóricamente que únicamente lo haría al Padre, ya que “sólo a tu Dios adorarás y a él solo servirás”, dando a entender que, en su dignidad de Hijo de Dios, no iba a rebajar su condición por una promesa tan baja como los reinos del mundo.
Vivir como verdaderos Hijos de Dios
Es cierto que en muchas ocasiones estamos tentados a deshonrar nuestra condición, pero como hizo Jesús en su caso y viendo su ejemplo y testimonio, mantengamos firme nuestra dignidad como Hijos de Dios y mostremos al mundo la gran diferencia que se produce en aquellos que, guiados por el Espíritu, actúan como verdaderos Hijos.
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
Romanos 8:14-17
Una honra que debe manifestarse en la vida
Esta honra no puede ser algo teórico sino una constante en la vida de los que recibimos el privilegio de ser tenidos por dignos de participar en la familia divina.
“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”.
2 Pedro 1:3-4
Así el apóstol Pedro recuerda a la iglesia que hemos recibido la potestad de poder vencer nuestra naturaleza caída y participar de una nueva naturaleza al participar de la divina.
La conducta como expresión de la nueva naturaleza
“Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros. Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador. Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”.
Tito 2:6-13
El apóstol exhorta a Tito a que haga lo mismo con los jóvenes o a los siervos (léase esclavos), el gran problema es que cuando exhortamos a alguien a hacer algo que no puede, el resultado va a ser frustración o rebeldía, fruto negativo cualquiera de ellos que sea, con lo cual la consecuencia de una motivación incorrecta supone una ventaja carnal en lugar de una victoria espiritual, la perspectiva religiosa ante las demandas espirituales hacen que las personas más escrupulosas se vean cada vez más acomplejadas y las más liberales terminen desoyendo las directrices que se les envían desde los púlpitos o a través de la propia Palabra de Dios.
Pero es importante que sepamos que realmente es posible vivir de una manera “sobria, justa y piadosa” en medio de un mundo cada vez más degenerado.
Un testimonio diferente en medio del mundo
“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras. Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios”.
1 Pedro 2:11-16
El apóstol Pedro coincide con Pablo en la visión de un pueblo ejemplar entre los Hijos de Dios, de tal manera que aquellos que se encuentran con uno de estos, tengan que reconocer que sus vidas son absolutamente diferentes del común de sus vecinos. No debemos considerarlo como un reto sino como una manifestación lógica de una nueva naturaleza. Fue así de sorprendente tanto en medio del judaísmo, donde nació la iglesia, como entre los diferentes lugares del Imperio Romano la inexplicable conducta de los primeros cristianos que llevó a una persecución constante y despiadada que sólo consiguió que en número de los fieles aumentara por el testimonio de aquellos seres especiales que eran fruto de una transformación interior como consecuencia de la acción divina. Esta misma estupefacción se ha ido reiterando a lo largo de los veinte siglos de la historia de la Iglesia entre el verdadero remanente que el Señor ha producido entre aquellos que con un con corazón sincero se han abierto al trato divino de su regeneración, y que está a disposición de todos aquellos que de verdad lo anhelan.

