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He Vencido al Mundo
Por Javi Jiménez - Devocional 25 de septiembre 2026.

Devocional de hoy
He Vencido al Mundo
Hay un enemigo del cristiano que muchas veces no valoramos en su verdadera dimensión. Es el mundo. Y lo más peligroso es que convivimos con él, aceptamos muchas veces sus principios y sus valores y terminamos viviendo en completa simbiosis con él.
Entre el cielo y la tierra
El hombre es un ser anfibio: mitad del cielo y mitad de la tierra. Tenemos vocación de eternidad, pero estamos sujetos a un cuerpo físico. Y nuestro hombre natural se aferra fácilmente a rutinas, costumbres, personas y cosas. Vamos creando vínculos muy estrechos y, sin darnos cuenta, esas cosas pueden distraernos de lo eterno.
El mundo como corriente de pensamiento
También tenemos que entender que el mundo no es solamente lo material. El mundo es una corriente de pensamiento, un conjunto de ideas humanas que tenemos que poner en cuarentena y contrastar con la verdad del Evangelio. No todo lo que pensamos, no todo lo que escuchamos y no todo lo que la mayoría acepta tiene que ser bueno simplemente porque lo acepte la mayoría.
Las ideas tienen que ser analizadas, complementadas, contrastadas y, en muchos casos, desechadas. Porque vivimos en una sociedad donde muchas veces seguimos a la mayoría sin preguntarnos hacia dónde se dirige. Queremos pertenecer al grupo, queremos ser aceptados y nadie quiere quedarse al margen. Es la tiranía de la mayoría.
Pero Jesús nos dejó una palabra muy clara:
«En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.»
El mundo en el que Jesús apareció
Y cuando miro el mundo en el que Jesús apareció, me doy cuenta de algo: Jesús no vino a un mundo vacío de cultura, de pensamiento o de organización. Todo lo contrario.
Había una enorme influencia del pensamiento griego. Trescientos años antes del nacimiento de Jesús, la conquista de Alejandro Magno había extendido por todo aquel territorio la filosofía de Sócrates, Platón y Aristóteles. El griego era el idioma internacional. Era un mundo lleno de cultura y conocimiento.
Después estaba Roma, con sus legiones, su organización, su derecho, su comercio, sus adelantos tecnológicos, su poder militar, sus impuestos y su política. Las calzadas romanas facilitaban los viajes y el comercio, y las diferentes regiones estaban comunicadas.
Y también estaba el mundo judío, con su religión, sus costumbres, sus leyes, sus patriarcas, sus líderes religiosos, su historia y sus héroes. Estaban orgullosos de Abraham, Moisés, David y Salomón, de su templo y de su ciudad santa, Jerusalén.
Jesús en medio de todos los poderes
En medio de todo aquel sistema filosófico, político y religioso apareció Jesús.
Y todos aquellos poderes lo vieron como una amenaza. Lo vieron como un intruso al que había que combatir, neutralizar y finalmente eliminar.
Pero ninguno de esos poderes pudo con Él.
Su luz era demasiado intensa. Su belleza era divina.
Jesús venció a los filósofos con su enseñanza. Venció al sistema predicando el Reino de los cielos. Y venció a los religiosos revelando al Dios verdadero.
Por eso, cuando yo miro nuestra realidad y me quejo de que vivimos en un mundo hostil, tengo que recordar las palabras de Jesús:
«En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.»
Vivir en el mundo sin ser vencidos por él
Jesús ya nos mostró que se puede vivir en medio de un mundo lleno de pensamientos, sistemas, poderes, costumbres e influencias sin dejar que ese mundo determine quiénes somos.
Por eso necesito aprender a mirar todo lo que me rodea a la luz del Evangelio. No puedo aceptar automáticamente los principios del mundo simplemente porque son los principios de la mayoría. Tengo que analizarlos, contrastarlos con la verdad de Dios y desechar aquello que no esté de acuerdo con ella.
Porque mi referencia no puede ser la mayoría.
Mi referencia tiene que ser Cristo.
Vivimos en un mundo que intenta influenciarnos constantemente. Pero Jesús entró en ese mismo mundo, caminó en medio de él y no fue vencido por él.
Y esa es también mi esperanza.
No estoy llamado a vivir huyendo del mundo, sino a vivir en él sin permitir que sus pensamientos, sus valores y sus influencias aparten mi corazón de aquello que es eterno.
Jesús vino sin las influencias del poder mundano y sin la riqueza de este mundo, que es uno de los poderes más influyentes. Nació en un pesebre y, sin embargo, su luz fue capaz de enfrentarse a todo aquel sistema.
Por eso, cuando siento que el mundo es demasiado fuerte, tengo que volver mis ojos a Jesús.
Él ya venció.
Y si Él venció al mundo, yo puedo confiar en Él.
No necesito seguir a la multitud para sentirme aceptado. No necesito asumir como verdad todo aquello que la sociedad presenta como bueno. Necesito volver continuamente a la verdad del Evangelio y preguntarme si aquello que estoy pensando, haciendo o aceptando está de acuerdo con Cristo.
Porque el mundo pasa, sus ideas cambian, sus sistemas cambian y sus valores cambian.
Pero Cristo permanece.
Por eso hoy quiero recordar esta palabra y hacerla mía:
«En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.»
Oración final
Señor, ayúdame a no dejarme arrastrar por la corriente de este mundo. Dame discernimiento para analizar lo que escucho, para contrastarlo con tu Palabra y para desechar aquello que no procede de Ti. Ayúdame a no vivir buscando la aprobación de la mayoría, sino a permanecer firme en Cristo. Porque aunque esté en un mundo que muchas veces es hostil, sé que Jesús ya ha vencido al mundo. Amén.

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