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Guarda tu Corazón
Por Marcos Díez - Devocional 24 de april 2026.

Devocional de hoy
Guarda tu Corazón
El rencor es un resentimiento, una acumulación de experiencias que no han sido puestas en la presencia de Dios y que, al final, terminan convirtiéndose en una raíz de amargura.
Hay padres que han tratado mal a sus hijos, y esos hijos han crecido heridos y llenos de rencor. Pero muchas veces el rencor nace más del orgullo herido que de la situación en sí.
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón.”
No herirnos con facilidad
En 1 Samuel 17 vemos cómo no debemos ofendernos fácilmente.
El hermano de David le habló mal y lo menospreció, pero David no se dejó afectar ni devolvió mal por mal. No se ofendió. Respondió con bien porque tuvo la humildad de guardar su corazón.
La humildad protege el corazón
Para evitar ser heridos necesitamos:
No tener un concepto elevado de nosotros mismos. David era solo un pastor de ovejas (Romanos 12).
Aprender a perdonar cuando recibimos oprobio. Dios nos ha perdonado tanto que no podemos ser implacables con nuestros hermanos cuando nos ofenden.
Cuidar nuestra relación con Dios. Cuando nuestra causa está delante de Él, el corazón no se hiere con facilidad.
Dios como juez de nuestra causa
“Jehová, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. Él vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.”
1 Samuel 24:15
David guardó su corazón cuando Saúl quería matarlo. No tocó al ungido de Dios. El enemigo no logró dañar su interior porque David ponía su causa delante del Señor.
Cuando hacemos esto, es como si guardáramos el corazón en el aceite de la unción de Dios: protegido, sano y firme.
El poder del perdón en la sanidad interior
Dios nos llama a orar por quienes nos ofenden.
Job oró por sus amigos que lo habían criticado, y Dios sanó su vida. Cuando oramos por quienes nos hieren, nuestros prejuicios caen y el corazón recibe sanidad y libertad.
Jesús también lo hizo en la cruz:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”
Sanar las heridas del corazón
Así como una herida física se infecta si no se trata, lo mismo ocurre espiritualmente. Si dejamos una herida sin sanar, el daño crece.
Por eso, cuando el corazón ha sido herido, debemos acudir a la presencia de Dios para que Él lo sane, lo limpie y lo restaure.

