El Crecimiento Espiritual

Por José Jesús García - Devocional 03 de octubre 2026.

Devocional de hoy

El Crecimiento Espiritual

El crecimiento es algo natural en nuestra vida. Desde que nacemos vamos creciendo, aunque no todos lo hacemos al mismo ritmo ni de la misma manera. Y así como existe un crecimiento físico, también debe existir un crecimiento espiritual.

La Palabra nos muestra que Jesús mismo crecía: «Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres».

Por eso, es bueno detenernos de vez en cuando y hacer un análisis personal: ¿Cuánto he crecido en el Señor? ¿Estoy avanzando espiritualmente o sigo en el mismo lugar? No se trata solamente de cuánto tiempo llevamos siendo cristianos, sino de cuánto hemos permitido que Dios transforme nuestra vida. El paso de los años no significa necesariamente crecimiento espiritual. Crecer en el Señor implica aprender, madurar, obedecer, conocer más de Él y permitir que su Palabra produzca fruto en nosotros.

Crecer para dar fruto

Toda planta debe crecer para llegar a dar el fruto bueno y oportuno. De la misma manera, Dios espera que nuestra vida espiritual crezca y que ese crecimiento pueda verse en nuestros frutos.

Por eso, hoy debemos preguntarnos sinceramente: ¿Estoy creciendo en el Señor? ¿Se está viendo en mi vida el fruto de ese crecimiento?

“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.”

Juan 3:30

No todos somos iguales ni todos damos la misma cantidad de fruto. No podemos compararnos, porque Dios ha dado a cada uno una capacidad. Pero no debemos poner impedimentos para dar el fruto que podemos dar. A veces, nuestro viejo hombre pone piedras de estorbo, y por eso viene a nuestras vidas la poda, el trato del buen Agricultor, para que nuestra vida dé más fruto. Y así debemos estimar todo como basura, para que sea el Señor en nosotros y no nosotros.

Dejar el yo para que Él crezca

Muchos quieren todo lo que viene de parte del Señor, pero sin dejar su yo, su control y su voluntad… Y eso no funciona. Ahogan la voz del Señor con sus filosofías y sus formas de pensar, y no cambian, sino que se estancan. Y el que no crece en el Señor va hacia atrás, en detrimento. Sin embargo, la Palabra de Dios dice que, aunque este hombre exterior se va envejeciendo y va perdiendo sus facultades naturales, nuestro interior se renueva de día en día.

El crecimiento trae transformación

Cuando algo crece, algo debe cambiar. Una planta, al crecer, se hace diferente; hay una transformación y llega un momento en que es irreconocible. Ya no eres el bebé que recordaban.

El que sigue siempre siendo el mismo, con el mismo carácter, la misma forma de pensar o de reaccionar… Pero qué precioso es ver a las personas que Dios va transformando y poder decir: «¡Wow! No te he reconocido, ¡pareces otra persona!».

Crecer sin impedir el propósito de Dios

¿Cuántos padres meten a sus hijos en una burbuja y no les dejan crecer en el Señor? Ana llevaba a su hijo al templo para escuchar la voz del profeta, para que fuera un buen sacerdote. Jesús, con doce años, estuvo compartiendo la Palabra de Dios en el templo.

Juan: discípulo y maestro

Juan, el discípulo amado, era humilde y no dejó su firma, no dejó claro quién era, sino que solamente quería glorificar a Jesús, darle la gloria a Él. Nunca dejó de ser el discípulo de su Maestro. Quiso menguar para que Jesús creciera. Y llegó a ser un maestro, pero sin dejar de ser un discípulo.

“Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.”

1 Corintios 3:6

El fruto que muestra a Dios en nuestras vidas

Cómo se puede ver a Dios en nuestras vidas? Con obras y frutos de su Espíritu. No por la forma de vestir, ni por el atuendo o costumbres, no, sino por sus frutos los conoceréis.

El Espíritu Santo cuando toca tu vida comienza a hacer su obra preciosa, a restaurar, limpiar, corregir, madurar y transformar. No seamos como esas plantas estériles que después de ser regadas, podadas, limpiadas y abonadas, crecen de forma natural pero no dan ningún fruto.

Dios da el crecimiento

Sólo Dios es el que trae el crecimiento a nuestras vidas, purifica lo que sobra, poda las ramas que no sirven para nada y pueden estorbar ante una tempestad porque se van a romper y pueden dañar.

El justo crecerá como la palmera

Hay un Salmo maravilloso que dice: «El justo crecerá como la palmera. Seremos plantados en la casa de Dios. Aun en la vejez darán fruto».

La palmera crece mirando hacia el cielo, pero, si nos fijamos, es un árbol con muy buenas raíces que sujetan la planta ante los vientos tempestuosos. Está agarrada a la Roca y no puede ser tumbada fácilmente.

Humildad ante la adversidad

Su tronco se dobla ante la adversidad, siendo mansos y humildes. No les importa agacharse, sin querer que les vean, que les aplaudan o ser los mejores de todos, sino dar fruto, sabiendo que es necesario que yo muera.

Crecer en madurez y en gracia

El Señor por medio de la verdad ha traído justicia a nuestras vidas, nos ha hecho nuevas criaturas, nos ha dado crecimiento avergonzado a los sabios de este mundo, aceptando las tribulaciones con madurez, sin hallar tropiezo en nadie, sin encontrar ninguna justificación para dejar de dar fruto y seguir creciendo. Y esa madurez te lleva a la conclusión que si no fuera por su gracia qué sería de nosotros, que lo que somos es gracias a Él, que ha puesto estacas en nuestras tiendas, ha afirmado nuestros corazones y nos ha dado el crecimiento.

Aunque envejezcamos, su Espíritu nos vivificará. ¡Cuántos obreros dejaron de ser siervos! eran esforzados, trabajadores, pero no eran nuevas criaturas en Cristo Jesús.

Dios abre nuestros ojos y oídos

En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas.”

Isaías 29:18

Dios está obrando en nuestras vidas, está transformándonos, haciéndonos más y más como Él, para dar luz, y dejar de ser sordos y ciegos.

Crecer en humildad y alegría

“Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová, y aun los más pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel.”

Seamos humildes para crecer. No vayamos en la dirección contraria a su Espíritu, a su voluntad, para que todas las cosas obren para bien.

Oración

Señor que Tu crezcas y yo mengue por favor.