¿Dónde está tu Pasión?

Por Lorenzo Chico - Devocional 22 de julio 2026.

Devocional de hoy

¿Dónde está tu Pasión?

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Colosenses 3:1-2

La pasión dirige nuestras prioridades

Vivimos en una sociedad donde la pasión mueve a las personas a hacer grandes sacrificios. Hay quienes dedican años de esfuerzo a una profesión, a un deporte, a los estudios o a alcanzar determinadas metas personales. Cuando alguien está apasionado por algo, invierte tiempo, energía, recursos y perseverancia para conseguirlo.

Sin embargo, como hijos de Dios, es necesario que nos hagamos una pregunta sincera: ¿Dónde está puesta nuestra mayor pasión?

Cuando las prioridades revelan el corazón

Muchas veces afirmamos que amamos a Dios y creemos en Él, pero nuestras prioridades revelan otra realidad. Dedicamos más tiempo a las preocupaciones diarias, a las redes sociales, al trabajo, a nuestros proyectos personales o a los entretenimientos que a cultivar nuestra relación con el Señor. Sin darnos cuenta, las cosas temporales comienzan a ocupar el lugar que solo le corresponde a Dios.

Poner la mirada en las cosas de arriba

La Palabra nos exhorta claramente a poner nuestra mirada en las cosas de arriba. Esto no significa desentendernos de nuestras responsabilidades terrenales, sino vivir cada día recordando que nuestra verdadera ciudadanía está en el cielo y que nuestra vida tiene un propósito eterno.

El apóstol Santiago advierte: "¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?" (Santiago 4:4). Estas palabras nos invitan a examinar el estado de nuestro corazón. ¿Estamos viviendo guiados por los valores del Reino de Dios o por las prioridades de este mundo?

Dios anhela una relación profunda

Dios desea mucho más que una relación superficial o basada únicamente en costumbres religiosas. Él anhela una relación profunda, íntima y apasionada con cada uno de sus hijos. La Escritura declara que el Espíritu que Él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente (Santiago 4:5). ¡Qué extraordinario amor! El Dios Todopoderoso desea nuestra comunión, nuestro tiempo y nuestro corazón.

La pasión por Dios se cultiva

La pasión por Dios no surge de manera automática; se desarrolla y crece a medida que pasamos tiempo en Su presencia. Nadie puede enamorarse de alguien a quien apenas conoce. De la misma manera, nuestra pasión por Cristo aumenta cuando le buscamos diariamente en la oración, cuando escudriñamos Su Palabra, cuando le obedecemos y cuando aprendemos a escuchar Su voz.

Pablo exhortó a Timoteo diciendo: "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado" (2 Timoteo 2:15). La vida cristiana requiere diligencia, compromiso y perseverancia. No podemos esperar crecer espiritualmente si no dedicamos tiempo a fortalecer nuestra relación con el Señor.

Una pasión que produce servicio

Además, Dios ha depositado dones, talentos y capacidades espirituales en cada creyente para la edificación de la Iglesia. Sin embargo, muchas veces estos dones permanecen inactivos porque falta anhelo, deseo y pasión por las cosas espirituales. Cuando nuestra pasión por Cristo crece, también crece nuestro deseo de servir, amar y bendecir a otros.

Solo Cristo llena el corazón

El ser humano busca constantemente la felicidad y la plenitud. Algunos la buscan en los logros profesionales, otros en las posesiones materiales, en las relaciones o en el reconocimiento de los demás. Aunque ninguna de estas cosas es mala en sí misma, ninguna puede llenar completamente el corazón humano.

Solo Cristo puede satisfacer las necesidades más profundas del alma. Solo en Él encontramos verdadera paz, gozo y plenitud. Colosenses nos recuerda que en Cristo habita toda la plenitud de la Deidad y que nosotros estamos completos en Él.

Un llamado a examinar nuestro corazón

Quizá hoy sea un buen momento para detenernos y evaluar nuestra vida espiritual. ¿Qué ocupa la mayor parte de nuestros pensamientos? ¿Qué despierta nuestro entusiasmo? ¿Qué es aquello por lo que estamos luchando y sacrificándonos cada día?

Si hemos resucitado con Cristo, nuestra pasión debe estar centrada en Él. Porque cuando Cristo ocupa el primer lugar, todo lo demás encuentra su verdadero lugar.

Para reflexionar

¿Qué ocupa actualmente el primer lugar en mi corazón y qué cambios necesito hacer para que Cristo sea nuevamente mi mayor pasión?