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Dios puede Recuperar lo que Parecía Perdido
Por Javi Jiménez - Devocional 11 de septiembre 2026.

Devocional de hoy
Dios puede Recuperar lo que Parecía Perdido
A veces mis problemas me parecen demasiado grandes. Hay situaciones que he vivido que me hacen pensar que ya no hay salida, que he perdido demasiado tiempo, que quizá ya es demasiado tarde. Pero tengo que recordar que Dios puede sacarme de mi lugar y llevarme a un lugar mejor.
Dejar de vivir atrapado en el pasado
Muchas veces miro mi pasado y recuerdo los años de estudio, las dificultades, el dolor y todas aquellas situaciones que pensé que no podría superar. Pero llega un momento en el que tengo que dejar de mirar atrás. El pasado está ahí, pero no puedo vivir permanentemente mirando lo que pasó.
Tengo que despertar a una realidad nueva.
Hay cosas que no puedo recuperar de la misma manera porque el tiempo no vuelve. No existe una máquina del tiempo. Lo que pasó, pasó. Pero eso no significa que mi vida tenga que quedarse detenida en aquello que perdí.
El tiempo perdido no se puede devolver, pero sí se puede redimir.
Y ahí está una de las cosas más importantes que tengo que entender: Dios puede hacer algo nuevo con aquello que yo pensaba que estaba perdido.
Puedo haber pasado años en una situación que parecía imposible. Puedo haber estado esperando durante mucho tiempo una respuesta, un cambio, un milagro. Pero no debo poner límites a la llamada de Dios ni resistirme al Espíritu Santo.
Quizá yo mismo pienso: “Ya no puedo cambiar”, “ya es demasiado tarde”, “he vivido demasiados años así”, “esto forma parte de mí”. Pero no debo aceptar esas limitaciones.
Dios tiene poder para transformar mi vida.
Tengo que aprender a reconocer dónde estoy y hacia dónde tengo que ir. A veces necesito despertar de una pesadilla y despertar también a la realidad espiritual. Necesito reconocer la verdad y entender que todavía hay un camino que puedo recorrer.
El mayor peligro: vivir apartado de dios
Porque cuando estoy sufriendo, puedo llegar a pensar que aquello que estoy viviendo es lo peor que me podía pasar. Pero hay algo mucho peor: vivir apartado de Dios y permanecer en el pecado.
La Palabra dice:
“La paga del pecado es la muerte.”
El pecado no tiene salida. Cuando entro en ese camino y sigo avanzando, cada vez me encuentro más lejos de aquello que Dios quiere para mi vida.
Pero hay una salida.
El arrepentimiento.
Tengo que reconocer mi realidad, renunciar a aquello que estoy haciendo y volverme hacia Dios. No puedo justificarme continuamente ni buscar explicaciones para permanecer en el mismo lugar. Tengo que tener el valor de reconocer dónde estoy y decidir cambiar de camino.
Dios, por su misericordia, puede sacarme de ese lugar.
No quedarme mirando solamente el problema
Y cuando miro la vida, me doy cuenta de que todos tenemos situaciones, problemas familiares, matrimoniales, económicos, de salud o espirituales. Todos podemos atravesar momentos de dolor y sufrimiento. Pero no quiero quedarme solamente mirando mi problema.
Quiero mirar al cielo y confiar en la misericordia de Dios.
Recordar de dónde me ha sacado dios
Quiero recordar todo lo que Él ya ha hecho en mi vida. Quiero mirar hacia atrás, no para quedarme atrapado en el pasado, sino para reconocer de dónde me ha sacado Dios y recordar que Él ha estado conmigo.
Hay cosas que antes parecían imposibles y que hoy forman parte de mi historia. Lo que yo veía como una situación sin esperanza, Dios puede utilizarlo para mostrarme que todavía hay camino.
Siempre puede haber un escalón más
Por eso no quiero menospreciar mi vida ni pensar que ya no puedo hacer nada. Siempre puede haber un escalón más. Siempre puede haber algo que todavía no he descubierto. Siempre puedo seguir avanzando.
Quizá hoy me encuentro cansado, herido o pensando que he perdido demasiado tiempo. Pero Dios puede despertar algo importante dentro de mí. Puede despertar mi realidad espiritual y hacerme comprender que todavía hay un camino.
Recuperar la orientación
Tengo que recuperar la orientación.
No puedo volver atrás y cambiar lo que hice, pero sí puedo decidir qué voy a hacer a partir de ahora.
No quiero vivir condicionado por mis errores, por mis años perdidos ni por las situaciones que me han hecho daño. Quiero permitir que Dios trabaje en mi vida y confiar en que todavía puede hacer algo conmigo.
Lo que he vivido puede ayudar a otros
También tengo que entender que no estoy aquí solamente para recibir. Dios puede utilizar aquello que he vivido para ayudar a otros.
Hay personas que necesitan escuchar un testimonio, necesitan saber que alguien también pasó por dificultades y pudo salir adelante. Quizá aquello que yo considero una parte dolorosa de mi historia puede convertirse en una ayuda para otra persona.
Por eso no quiero esconder lo que Dios ha hecho conmigo.
Recibir, devolver y ayudar
Quiero aprender a compartir, a devolver y a ayudar. Quiero que mi vida tenga sentido para los demás y que aquello que he recibido pueda convertirse también en una bendición.
Pero para eso tengo que estar dispuesto a cambiar.
No puedo seguir poniendo excusas. No puedo decir que no hay salida cuando Dios me está mostrando un camino. No puedo acostumbrarme al pecado ni pensar que puedo vivir permanentemente en aquello que me destruye.
El pecado no tiene salida; el arrepentimiento sí.
Tengo que reconocer mi realidad delante de Dios y dejar que Él transforme mi vida.
Hoy quiero despertar
Hoy quiero despertar. Quiero recuperar la memoria de lo que Dios ha hecho conmigo. Quiero recordar que hubo momentos en los que pensé que no podía más y, sin embargo, Dios me sostuvo.
Quiero dejar atrás aquello que ya no puedo cambiar y comenzar a caminar hacia aquello que Dios todavía puede hacer.
No sé cuánto tiempo he perdido, pero sé que todavía puedo entregar a Dios el tiempo que tengo.
No quiero poner límites a Dios.
Una oración de entrega
Quiero decirle:
Señor, despierta mi corazón. Despierta mi realidad espiritual. Ayúdame a reconocer dónde estoy y dame fuerzas para tomar el camino correcto.
Si he caído, ayúdame a levantarme.
Si he pecado, ayúdame a arrepentirme.
Si he perdido tiempo, ayúdame a redimirlo.
Si he vivido situaciones que parecían imposibles, ayúdame a recordar que Tú puedes abrir un camino donde yo no lo veía.
Y si Tú has hecho algo en mi vida, ayúdame también a compartirlo con otros.
Todavía hay camino
Porque todavía hay camino.
Todavía puedo avanzar.
Todavía puedo cambiar.
Y, sobre todo, todavía puedo volverme al Señor.
Amén.

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