Cuando Dejamos de Confiar en Nuestras Fuerzas

Por Javi Jiménez - Devocional 24 de agosto 2026.

Devocional de hoy

Cuando Dejamos de Confiar en Nuestras Fuerzas

No podemos sustituir a Dios

Hay algo que tengo que aprender cada día: no puedo sustituir a Dios por nada ni por nadie. El hombre vive confiando en su capacidad, en su inteligencia, en su fuerza, en la tecnología, pensando que puede resolverlo todo. Pero cuando ponemos nuestra confianza en nosotros mismos y dejamos a Dios a un lado, terminamos entrando en confusión.

Dios nos da capacidades, nos da tiempo y nos da medios para que podamos ser útiles y capaces. Pero el problema aparece cuando la soberbia nos hace pensar que todo depende de nosotros. Sin Dios estamos destinados a la confusión y a la destrucción.

Reconocer nuestras limitaciones

Por eso tengo que reconocer mis propias limitaciones. Tengo que aceptar que no soy yo quien sostiene todas las cosas. La vida puede cambiar en un instante. No hace falta un terremoto, una desgracia, un accidente o una enfermedad para descubrir lo frágiles que somos. Todo nuestro esfuerzo y todo nuestro trabajo pueden cambiar de repente.

Y esa humillación, lejos de ser algo malo, puede ser buena, porque me hace dejar de hacer y permitir que Dios sea más soberano en mi vida. Cuando dejo de apoyarme únicamente en mis fuerzas, comienzo a descubrir que la obra de Dios no depende de la fuerza del hombre.

Dios debe estar involucrado en todo

También tengo que entender que Dios debe estar involucrado en todo lo que soy y en todo lo que hago: en mi casa, en mi familia, en mi salud, en mi seguridad y en todas aquellas cosas que pueden afectar mi vida. No puedo dejar mi seguridad únicamente en una alarma, en la policía, en la tecnología o en mis propios recursos. Mi seguridad tiene que estar puesta en manos de Dios.

Por eso necesito involucrar a Dios en la edificación de mi casa y de mi vida. Puedo tener mejores cosas, puedo utilizar los medios que Dios me permite tener, pero no puedo poner toda mi confianza en ellos.

La impotencia del hombre y la omnipotencia de Dios

Tengo que tener la humildad de reconocer mi propia incapacidad. Porque cuando llego a comprender las limitaciones del hombre, entonces la impotencia del hombre se convierte en la omnipotencia de Dios en nuestra vida.

Y aquí está una de las cosas más importantes que tengo que aprender: todo depende de Dios que tiene misericordia. Yo tengo que trabajar para Él, tengo que servirle, pero al mismo tiempo puedo descansar y esperar en su misericordia. No puedo pensar que por mi esfuerzo voy a conseguir el favor de Dios.

No depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Mi capacidad, mi energía, mi inteligencia y mi fuerza no son suficientes. Lo que puedo hacer es poner mi vida en sus manos y reconocer que Él es soberano, que Él es creador y que también es misericordioso.

Poner a Dios en primer lugar

Por eso no quiero vivir tratando de exigirle nada a Dios, ni comparándome con los demás, ni rebelándome contra Él. Quiero ponerle en primer lugar, dejarme amar y cuidar por Él y confiar en su voluntad.

Porque Dios es amor y misericordia. Y cuando entiendo esto, puedo vivir con paz, sabiendo que estoy en Él, en el centro de su amor y de su voluntad.

No demostrar lo grande que somos

No estoy aquí para demostrar lo grande que soy ni para conseguir que los demás reconozcan mis capacidades. Estoy aquí para dar lo mejor de mí, pero reconociendo que Él es soberano y que solamente Él puede hacer de nosotros algo y puede hacer algo a través de nosotros.

Sin Él estamos indefensos, estamos solos y estamos vacíos. Por eso no puedo apoyarme únicamente en mis capacidades intelectuales ni en todo aquello que pueda conseguir por mis propias fuerzas. Tengo que aferrarme a su Palabra y recordar que Él es misericordioso.

No podemos ganar el favor de Dios por nuestros méritos

Quiero terminar recordando algo que necesito llevar profundamente en mi corazón: no puedo hacer nada para ganar el favor de Dios por mis propios méritos. Por mucho que haga, por mucho que me esfuerce, no voy a conseguir más de Dios por mis sacrificios.

Cuando acepto mi incapacidad, mis limitaciones y mi impotencia, entonces puedo ver la omnipotencia de Dios actuando en mi vida.

Menguar para que Dios ocupe su lugar

Por eso necesito menguar. Necesito dejar de confiar tanto en mí mismo y permitir que Dios ocupe el lugar que le corresponde. No quiero vivir en la soberbia de pensar que todo depende de mí. Quiero reconocer que Él es soberano, que Él tiene misericordia y que mi vida está en sus manos.

Y cuando llego a ese lugar de humildad, puedo descansar. Ya no necesito vivir en la ansiedad de conseguir, demostrar o controlar. Puedo confiar en Dios, porque Él es amor y misericordia.

Descansar en la misericordia de Dios

“No depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”

Que hoy pueda dejar mis fuerzas, mis capacidades, mis preocupaciones y mis propios razonamientos en las manos del Señor. Que pueda reconocer mis limitaciones y permitir que su omnipotencia se manifieste en mi vida.

Reconocer nuestra impotencia delante de Dios

Porque cuando la impotencia del hombre se reconoce delante de Dios, comienza a manifestarse la omnipotencia de Dios.

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