Como Espejos De Dios

Por Iñaki Lataillade - Devocional 24 de octubre 2025.

Devocional de hoy

Como Espejos De Dios

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

2 Corintios 3:18

Sería inconcebible que el espejo optara por reflejar un mensaje propio y no aquel que está recibiendo, con el objetivo de sobresalir y situarse como protagonista en la escena. De la misma manera los creyentes deben entender que son espejos, llamados a contemplar y reflejar la gloria de Dios para el bien de la humanidad. No se trata de nosotros, se trata del amor del Señor y de su mensaje de salvación para todos.
Si el espejo decidiera proyectar algo distinto a la realidad que recibe, dejaría de cumplir su propósito.

El contraste entre el mundo y el evangelio

Vivimos en una sociedad que constantemente nos invita a sobresalir, a buscar reconocimiento, a ser el centro de atención.
El mensaje del mundo es: Hazte notar, brilla con tu propia luz, sé el protagonista de tu historia.

Pero el mensaje del evangelio es radicalmente distinto: No se trata de ti, no se trata de mí, se trata de Cristo. La vida cristiana no consiste en que nosotros seamos admirados, sino en que el Señor sea conocido, glorificado y amado por medio de nosotros.

Mostrar a Cristo, no a nosotros mismos

El que trabaja como guía en un museo importante tiene el encargo de mostrar las obras de arte, explicarlas, echarse a un lado y permanecer en silencio mientras son admiradas. No puede olvidarse de su papel y eclipsar la belleza de los cuadros, pensando que él es el centro de atención.
Así también el cristiano debe mostrar a Cristo. No somos el cuadro, somos el marco que apunta a la verdadera obra: la gracia de Dios en nosotros.

La humildad del espejo

Ser espejo implica humildad. Significa reconocer que sin Cristo nada somos, pero con Él lo tenemos todo.

Cuando el apóstol Pablo dice: “ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí” (Gálatas 2:20), nos recuerda que el propósito del creyente es desaparecer para que Cristo sea visible. La madurez espiritual no se mide por cuán brillantes parecemos ante los demás, sino por cuán claramente reflejamos la imagen de Jesús en nuestro carácter, nuestras palabras y nuestras acciones.

Menguar para que Él crezca

Menguar para que Él crezca en nosotros, ¡uy menguar!, eso significa hacerse más pequeño, y en nuestra naturaleza está hacerse más grande, sobresalir, ser más que otros. Por eso se necesita estar al lado de Cristo para que nuestra naturaleza, nuestro ego, sea sometido por el Espíritu Santo todos los días. Locura para una mente no espiritual, sí, seguro, pero es la única manera de que Jesús crezca en nosotros.

Reflejar la gloria de Dios naturalmente

No se trata de un milagro sino de algo natural y lógico. Cuando pasamos tiempo en la presencia del Señor, lo reflejamos sin esfuerzo por la acción del Espíritu Santo. Tan solo debemos reconocer que somos espejos, abandonarnos en sus manos y dejarnos mover por Él para reflejar su gloria en este mundo. Cada uno de nosotros vamos a reflejar aquello que contemplamos, todo depende del “depósito” que tengamos.

Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.

1 Corintios 3:7

En ocasiones lo que mejor podemos hacer, es entorpecer lo menos posible a aquel que da el crecimiento.
El espejo por sí mismo no es nada; el valor del espejo radica en la luz que refleja. Por eso, no hemos sido llamados a ser “creyentes luciérnagas”, que tengan más o menos luz propia, sino creyentes que reflejen la luz de Cristo.

De gloria en gloria

El apóstol Pablo nos dice que somos transformados “de gloria en gloria”. Eso significa que el proceso de parecernos a Cristo es continuo. Cada día, mientras lo contemplamos en oración, en lectura de su palabra y en la obediencia, su luz va puliendo nuestro interior y eso es lo que iremos reflejando.

A veces nuestro cometido es simplemente como Felipe le dijo a Natanael: “VEN Y VE”.
Ojalá eso sucediera con nosotros, que cualquiera que se acercara viera la obra de Cristo reflejada en nosotros, la transformación del corazón de piedra al corazón de carne.

Conclusión

Si las personas que se acercan a nosotros nos miran y no ven a Cristo, no estaremos cumpliendo el propósito por el cual fuimos llamados.