Clamar al Señor

Por Ramón Ubillos - Devocional 07 de agosto 2026.

Devocional de hoy

Clamar al Señor

La invitación de Dios a clamar

“Vino palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo: Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre: Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”

Jeremías 33:1-3

Clamar no es un susurro, no es una melodía, es todavía superior a un grito, y debemos ejercitar nuestros músculos para que clamen, para levantar un clamor a Dios. Con qué intensidad le clamamos? Quieres salir de tu angustia? Jeremias estaba preso, y el Señor le dijo, Clama a mi! Quieres respuestas? Clama a mi!!!!

Clamar con intensidad y dependencia

A veces oramos diciendo: Señor, si es posible…. Y sin embargo estamos ante el Dios de lo imposible y quiere ver nuestra carga, nuestro fervor. Dios quiere un gemir, un ruego intenso que grite: ¡¡¡¡necesito auxilio!!!! ¡¡¡¡Señor, necesito ayuda!!!! ¡¡¡Socorro!!!!

A veces no somos conscientes de lo que sucede en nuestro país, pero nuestra nación necesita hombres y mujeres que clamen.

Cuántas personas han sido liberadas tras el terremoto de Venezuela porque estuvieron gritando: eyyyyyy, hay alguien ahí que me escuche y me socorra???

Dios escucha el clamor del necesitado

“Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, Y sus rostros no fueron avergonzados. Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias.”

Salmos 34:4-6

Dios no está sordo, y conoce nuestras necesidades antes de que se las pidamos, y podemos pensar: para qué es importante clamar? Si hago mi oración en mi mente es suficiente?

A Dios le agrada que estemos dispuestos a clamar. Un perro grande no necesita ladrar mucho porque sabe que con un pisotón puede demostrar su autoridad, pero los perrillos pequeños son chillones para que se les escuche, y así decía David: este pobre clamó, este pequeñito gritó al cielo y fue escuchado.

El clamor llega a los oídos del Señor

“¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos.”

Santiago 5:1-6

Santiago dice que Dios escucha el clamor del pobre, personas con dificultades que claman a Dios y serán escuchadas. Presentemos nuestros asuntos al Señor con el nivel de importancia que le damos.

Clamar e interceder por los demás

El mundo va de mal en peor pero los hijos De Dios, que están bendecidos, a veces se acomodan, están tranquilos, pero Dios quiere que intercedamos por otros, que eso es mejor que clamar por nuestros propios problemas. Y cuántas veces, si no nos afecta directamente a nosotros no nos involucramos en el sufrimiento de los demás. Debemos ser dolientes con el dolor de otros y no esperar a que nos vengan esos dolores para entender el dolor ajeno, porque cuántas veces juzgamos a los que tienen problemas o enfermedades.

Acercarnos al trono de la gracia

“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”

Hebreos 4:14-16

Es mejor ayudar a otros que padecer en nuestras carnes esos sufrimientos, y por eso debemos clamar a Dios para que cambie las cosas, y no sólo demostramos que amamos nuestra bandera cuando nos ponemos una camiseta en una final de un mundial, sino clamamos por nuestra nación, clamamos por España, porque nos preocupan los problemas de nuestro país, y le decimos: Señor por favor, cambia las cosas! Acerquémonos ante el Trono de la Gracia clamando por las necesidades de nuestros hermanos, por los que no conocemos y por los que sí conocemos, por los que sufren y viven de forma desgraciada, por los perdidos y por los que se apartaron.

Un pueblo unido en clamor

¿Cuántos guerreros gritan antes de ir a la guerra para que tiemble el enemigo y huya de pavor?

Y recordando que No estamos solos, Dios nos ha unido para levantar un verdadero clamor juntos.

¿Pero nos importa? Si yo estoy bien, ¿me preocupo por el dolor ajeno?

El Espíritu Santo intercede al Señor por nosotros. ¿Pero cuándo vendrá el Señor? Cuando su pueblo esté clamando día y noche:

¡¡¡Ven ya Señor!!! ¡¡¡No podemos mas!!!