- Devocionales Cuerpo de Cristo
- Posts
- Asumamos los Riesgos de Seguir a Jesús
Asumamos los Riesgos de Seguir a Jesús
Por Javi Jiménez - Devocional 05 de agosto 2026.

Devocional de hoy
Asumamos los Riesgos de Seguir a Jesus
Pablo: liderazgo en medio de la crisis
Lo primero que me impacta es cómo Pablo asumió liderazgo en medio de la crisis. Él no tenía ninguna responsabilidad en aquel barco, no era capitán, no era marinero, no era soldado. Pero cuando todo se hundía, cuando todos gritaban, cuando el miedo gobernaba, él asumió autoridad, asumió riesgo, asumió liderazgo… y salvó a todos.
En tiempos de crisis siempre aparecen hombres así: hombres que no se convierten en parte del problema, sino en parte de la solución. Hombres que no huyen, que no chillan, que no se esconden, sino que se plantan en la cubierta y dicen: “Aquí estoy, vamos a sacar esto adelante”.
Que tú seas uno de esos hombres.
Los marineros no abandonan el barco
En aquel barco había dos tipos de personas: el pasaje y los marineros. Los marineros eran los capacitados, los que tenían opción de salvarse, los que conocían el mar, los que tenían recursos para escapar. Pero Pablo dijo a los soldados que si los marineros abandonaban el barco, nadie se salvaría. Y así es en la obra: hay marineros, obreros, responsables… y si ellos escapan cuando vienen las pruebas, la obra se hunde.
Qué bueno cuando los marineros no abandonan el barco.
Un ejemplo de compromiso hasta el final
Recuerdo aquella historia: un barco lleno de refugiados y soldados. Las calderas explotaron y el barco se hundía. El capitán sabía que los soldados eran los únicos con posibilidades de sobrevivir. Pero ordenó que fueran los últimos en abandonar el barco, dejando primero a salvo a mujeres y niños. Y al final, se salvaron todos, porque los marineros no huyeron.
Que entre nosotros haya hombres así: dignos, valientes, generosos, comprometidos. Hombres que se quedan en la cubierta hasta el último momento.
Permanecer firmes en tiempos difíciles
Hemos vivido épocas muy difíciles: crisis económicas, crisis ministeriales, crisis de visión. Y aun así, nos hemos mantenido firmes. ¿Por qué? Porque hemos tenido un compromiso con Dios de no abandonar el barco y de no ser cobardes.
La advertencia de Sodoma y Gomorra
Quiero compartirte ahora lo que dice la Palabra sobre Sodoma y Gomorra, porque es un espejo para nosotros. Cuando los ángeles visitaron a Abraham, le dijeron primero que tendría un hijo, pero luego revelaron su verdadera misión: destruir Sodoma y Gomorra, porque la maldad había subido hasta el cielo.
Abraham intercedió: “¿Y si hubiera cincuenta justos? ¿Y si hubiera cuarenta y cinco? ¿Y si hubiera treinta?”. Y Dios escuchó. Y cuando los ángeles llegaron a Sodoma, rescataron a Lot por la intercesión de Abraham, no por la integridad de Lot.
La degradación progresiva del corazón
Y ahora escucha lo que Dios dice sobre Sodoma:
“He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí; y cuando lo vi, las quité.”
Ezequiel 16:49–50
Antes de caer en abominación, antes de llegar a lo peor, hubo una degradación gradual:
1. Soberbia
La soberbia es el principio de la caída. Creerse sabio en su propia opinión. No escuchar consejo. Creer que uno lo sabe todo. Juzgar a los demás. Pensar que el problema siempre está fuera, nunca dentro.
La soberbia destruye vidas, ministerios, familias. Todos somos soberbios, por eso Cristo tuvo que morir por nosotros. Pero la soberbia se combate con humillación, con consejo, con reconocer que otros saben más que nosotros en algo.
2. Saciedad de pan
Estar satisfecho consigo mismo. Creer que ya no hace falta buscar más de Dios. Estancarse. Conformarse.
Un hombre de Dios nunca está satisfecho. Siempre busca más de Dios, más eficacia, más santidad, más servicio.
3. Abundancia de ociosidad
Vacío. No tener nada que hacer. No tener ministerio. No tener propósito. Tener demasiado tiempo para pensar en uno mismo.
El ocio es el padre del vicio. El vacío lleva a mirar al mundo, al pecado, a la carne. Si no tienes tiempo para pecar, no pecas. Si no tienes tiempo para mirar al mundo, no lo miras.
4. No fortalecer la mano del afligido
Ya no había preocupación por el prójimo. Solo vivían para sí mismos. No había empatía, no había servicio, no había carga por el necesitado.
Cuando ya no hay sensibilidad por los demás, estamos en peligro.
5. Abominación
Cuando ya no tuvieron en cuenta a Dios, cuando adoraron otras cosas, Dios los entregó a perversiones terribles. Así caen las civilizaciones. Así caen los ministerios. Así caen las vidas.
No porque un día se despierten en pecado, sino porque permitieron la soberbia, el estancamiento, el vacío, la indiferencia, la falta de servicio… y finalmente la abominación.
Un llamado a permanecer fieles
Hermanos, no permitamos que esto nos destruya. No permitamos que el enemigo nos convierta en estatuas de sal o en cadáveres espirituales. Vamos a mantenernos firmes, vamos a humillarnos, vamos a buscar a Dios, vamos a servir al prójimo, vamos a permanecer en la cubierta.
Y si un día no tienes ganas de ir a la iglesia, ve igual. Porque cuando uno va sin ganas, es cuando más necesita de Dios.
Oración final
Oración: Señor, ayúdanos a mantenernos firmes. Ayúdanos a no ser sustituidos. Ayúdanos a permanecer hasta el fin. En el nombre de Jesús, amén.

/
