Afilemos las Espadas

Por José Jesús García - Devocional 22 de enero 2026.

Devocional de hoy

Afilemos las Espadas

La preparación del soldado del Reino

Como buenos soldados del Reino, debemos afilar nuestras espadas espirituales. No podemos entrar en batalla con armas sin filo. Nuestra espada es la Palabra de Dios, y nuestra fuerza es el Espíritu Santo en nosotros.

“Cuando los reyes oyeron cómo Jehová había secado las aguas del Jordán... desfalleció su corazón... Hazte cuchillos afilados y vuelve a circuncidar...”

Josué 5:1-2

La circuncisión como señal de pacto

Antes de conquistar la tierra prometida, Dios pidió a Josué que circuncidara al pueblo. Era una señal de pacto, de consagración. Hoy, esa circuncisión es espiritual: cortar con el pecado, con el mundo, con todo lo que impide que seamos solo para Dios.

“La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos...”

Hebreos 4:12

La Palabra que corta y transforma

La Palabra debe penetrar, cortar, transformar. No podemos predicar con ligereza. Necesitamos espadas afiladas, corazones consagrados, vidas que discipulen con autoridad. Muchos hijos se han perdido por falta de disciplina, por falta de cuchillos afilados.

Jehová quiso matar a Moisés porque no había circuncidado a su hijo. Séfora, su esposa, tomó un pedernal y lo hizo. Antes de hacer la obra de Dios, debemos empezar por casa. No podemos predicar sin haber vivido la Palabra.

Éxodo 4:24-26

“No se hallaba herrero en Israel... los hebreos tenían que bajar a los filisteos para afilar sus herramientas.”

1 Samuel 13:19-20

El llamado a formar y afilar a otros

El enemigo quiere que no haya herreros, que no haya espadas. Que la Iglesia se conforme con ser una ONG, sin fuego, sin palabra viva. Pero Dios nos llama a ser herreros: a afilar, a pulir, a preparar a otros para la batalla.

“Predica la palabra; insta a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta... soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.”

2 Timoteo 4:1-5

Vidas irreprensibles y consagradas

No podemos ser naturales ni tibios. Debemos ser pulidos, resplandecientes, reflejando a Cristo. Discipular, corregir, enseñar con paciencia y verdad. Ser irreprensibles para que el enemigo no tenga de qué acusarnos.

Oración

Señor, afila nuestra espada. Circuncida nuestro corazón. Haznos obreros fieles, discípulos valientes, herreros que preparan a otros para la batalla. Que tu Palabra sea viva en nosotros, que no compartamos con ligereza, sino con poder. Que cumplamos nuestro ministerio con pasión y fidelidad. Amén.