Adoradores en Espíritu y en Verdad

Por Javi Jiménez - Devocional 31 de julio 2026.

Devocional de hoy

Adoradores en Espíritu y en Verdad

La verdadera adoración no depende de un lugar

Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Juan 4:21-24

Al meditar en estas palabras comprendo que Dios nunca ha estado buscando un sistema religioso, sino un corazón que le adore de verdad. Puedo llegar a pensar que por pertenecer a un determinado grupo, seguir unas costumbres o cumplir ciertos hábitos espirituales ya estoy agradando al Señor, pero Jesús deja claro que la verdadera adoración va mucho más allá de un lugar, de una tradición o de una forma de hacer las cosas.

Dios es Espíritu y nos llama a depender de Él

Dios es Espíritu. No puedo encerrarlo en mis esquemas, en mis métodos ni en mis razonamientos. Él es mucho mayor de lo que mi mente puede comprender. Cuando creo que ya le conozco completamente o que ya sé cómo obra, descubro que vuelve a sorprenderme, a mover mi comodidad y a llevarme a depender nuevamente de Él. Esa dependencia es precisamente la vida de fe.

El peligro de sustituir una relación viva por una rutina religiosa

Con frecuencia busco aquello que puedo controlar. Me resulta más fácil vivir siguiendo un programa, unas normas o unas costumbres que aprender a caminar cada día guiado por el Espíritu Santo. Sin darme cuenta puedo sustituir una relación viva con Dios por una rutina religiosa que me hace sentir seguro, pero que poco a poco enfría mi comunión con Él.

Babel: el intento humano de construir sin depender de Dios

La historia de la torre de Babel también confronta mi corazón. Los hombres dijeron: "Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre..." (Génesis 11:4). Comprendo que el deseo del hombre siempre ha sido construir algo que pueda controlar, algo que le dé identidad y seguridad sin depender completamente de Dios. Sin embargo, el Señor no busca que yo levante mi propio sistema, sino que aprenda a caminar confiando en Él.

Piedras y ladrillos: la obra personal del Espíritu

También me hace reflexionar la diferencia entre las piedras y los ladrillos. El ladrillo sale de un molde; todos son iguales. La piedra, en cambio, conserva la forma con la que fue creada y necesita ser trabajada una a una. Dios no quiere fabricar personas iguales mediante métodos humanos. Él toma cada vida de manera personal, la trabaja con paciencia y la transforma conforme a Su propósito. Su obra nunca es mecánica; siempre es una obra del Espíritu.

David y la búsqueda de la presencia de Dios

David también me enseña una gran lección. Él agradó a Dios porque buscó Su presencia con sencillez y espontaneidad. Aun con sus errores, su corazón permanecía cerca del Señor. Sin embargo, cuando quiso construir un templo para contener la presencia de Dios, el Señor le recordó que no podía ser encerrado en una construcción hecha por manos humanas. Comprendo entonces que Dios desea, por encima de cualquier estructura, una relación viva conmigo.

Una fe que sigue aprendiendo y siendo guiada

No quiero caer en el peligro de pensar que conozco a Dios solo porque conozco una doctrina o porque llevo años caminando en el Evangelio. Cada día necesito seguir buscándole con un corazón humilde, dispuesto a aprender y a dejarme guiar. El Espíritu Santo no puede reducirse a un método ni a una fórmula; Él quiere conducirme continuamente y enseñarme a vivir dependiendo de Su dirección.

La unidad nace del mismo Espíritu

También entiendo que la verdadera unidad del pueblo de Dios no nace de pertenecer a un mismo sistema, sino de compartir un mismo Espíritu. Cuando Cristo ocupa el centro de mi vida, desaparece la necesidad de distinguirme de otros o de levantar mi propio nombre. Lo único que deseo es que Él sea glorificado y que Su voluntad se cumpla.

El llamado a ser verdaderos adoradores

Hoy quiero responder al llamado que Jesús hace en este pasaje. No quiero limitar mi relación con Dios a momentos, lugares o costumbres. Quiero ser un verdadero adorador, alguien que le busque cada día con sinceridad, que dependa de Su Espíritu y que viva una comunión constante con Él. Mi deseo es dejar a un lado todo aquello que sustituya Su presencia y aprender a caminar de Su mano con un corazón sencillo, humilde y dispuesto a obedecerle.

Dios sigue buscando corazones que le adoren

Que cada mañana recuerde que Dios no busca simplemente personas religiosas. Él sigue buscando verdaderos adoradores que le adoren en espíritu y en verdad.

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