A la Manera De Dios

Por Iñaki Lataillade - Devocional 11 de noviembre 2025.

Devocional de hoy

A la Manera De Dios

Hizo David también casas para sí en la ciudad de David, y arregló un lugar para el arca de Dios, y le levantó una tienda. Entonces dijo David: El arca de Dios no debe ser llevada sino por los levitas; porque a ellos ha elegido Jehová para que lleven el arca de Jehová.

1 Crónicas 15:1-2

Después de que Dios da instrucciones específicas al pueblo de cómo hacer el arca de la alianza, Dios dice: desde allí me declararé a ti.
El arca simbolizaba la presencia de Dios.

El significado del Arca

En ella se llevaban tres elementos:

  • Un vaso de oro con una porción del Maná.

  • La vara que ayudaba a Aarón a caminar que había echado brotes.

  • Y las preciosas tablillas de piedra que sintieron el dedo de Dios grabándolas.

Dios les dijo que desde allí se iba a declarar al pueblo; por eso nos podemos preguntar:
¿Por qué los israelitas no atesoraron el arca de la alianza y permitieron que juntara polvo durante 30 años, dejándola al cuidado de un sacerdote que vivía a 11 km al oeste de Jerusalén?

Pero también podemos preguntarnos que, sabiendo que la presencia de Dios está en nosotros a través del Espíritu Santo, ¿por qué a veces lo dejamos atesorar polvo por no tener esa relación y comunión con Él, aun sabiendo que ahí es donde el Señor va a manifestarse en nuestras vidas?

La desobediencia de Uza

Todos sabemos la historia: empiezan a llevar el arca y cerca de los tres primeros kilómetros los bueyes tropiezan, la carreta se sacude y el arca se mueve.
Uza, pensando que el cofre sagrado está por caerse, extiende sus manos para sujetarlo y muere (2 Samuel 6:7).

Uza debería haberlo sabido. Su padre era Abinadab, levita sacerdote de la tribu de Judá, descendiente de Aarón; el arca había sido guardada en la casa de su padre.
Solo los levitas podían transportar el arca; solo el sumo sacerdote podía tocarla.

Hacer las cosas a nuestra manera

Tú y yo deberíamos saberlo también: que si tocamos lo que Dios no quiere que toquemos, podemos morir; que si lo hacemos a nuestra manera, podemos morir; que si no obedecemos a Dios en su propósito, podemos morir.

Cuando lo Santo se convierte en rutina, entonces cambiamos las órdenes que nos convienen, utilizamos una carreta en vez de palos, y bueyes en lugar de sacerdotes.
No vemos obediencia en el sacrificio, vemos conveniencia.
Vemos cómo lo podemos hacer lo más cómodo posible, aunque Dios no nos lo haya dicho así.

Mucho más cómodo llevar el arca en una carreta tirada por bueyes que sobre los hombros de los sacerdotes: más cómodo y además tardarían menos.
Al ser humano muchas veces le parece que su idea es mejor que la de Dios.

La pregunta no debería ser por qué murió Uza, sino por qué no morimos nosotros.
Esa respuesta la tenemos en Cristo.

El regreso del Arca

Tres meses después, David retorna por el arca para llevársela, pero el protocolo es diferente.
Cuando vemos la pérdida, cuando vemos el resultado de la desobediencia a las cosas de Dios (después de eso, aunque debiera ser antes), entonces nuestro protocolo para con el Señor cambia y se acerca más a lo que Dios quiere verdaderamente de nosotros.

Ahí sí los sacerdotes lo llevan sobre sus propios hombros, cargado en las varas.
Apenas habían andado seis pasos y David sacrificó un buey y un ternero engordado.

Fue dado aviso al rey David, diciendo: Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entonces David fue, y llevó con alegría el arca de Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David. Y cuando los que llevaban el arca de Dios habían andado seis pasos, él sacrificó un buey y un carnero engordado. Y David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino. Así David y toda la casa de Israel conducían el arca de Jehová con júbilo y sonido de trompeta.

2 Samuel 6:12-15

La adoración de David

La Biblia no muestra a David danzando en ningún otro momento. No bailó sobre Goliat cuando lo derrotó. No bailó cuando inauguró su periodo como rey. Pero cuando la presencia de Dios llegó a la ciudad, no pudo parar de danzar.

Conclusión

La mayor arma para la conquista es la obediencia. El mayor obsequio y causa de gozo es el regalo que Dios nos da de su presencia. Cuando Dios traiga algo a nuestras vidas entendamos que es: a su manera.